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Categoría: EL BEBÉ y su CRIANZA

¿Quién nos enseña a ser padres? ¿Qué hay que saber para convertir un bebé en un adulto sano? La relación entre padres e hijos en los primeros años de vida de los niños tiene una importancia fundamental según están demostrando los psicólogos. La ciencia aporta nuevas pistas para una educación más emocional y más provechosa de los niños. Eduardo Punset visitó a Jay Belsky, psicólogo experto en el desarrollo del niño y en las relaciones de familia, para discutir sobre estos temas.

 

  • Lectura recomendada:

LA CRIANZA FELIZ, de Rosa Jové.

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EDUCACIÓN EMOCIONAL DESDE EL ÚTERO MATERNO

Os traigo este precioso post desde EL MUNDO DE ARMANDILIO, donde Armando me lo ha prestado muy amablemente... ¿Qué recordais vosotr@s?

Hace un tiempo Miriam, mi mujer, me sorprendió con una pregunta: "¿Tú recuerdas el olor de tu madre como algo especial?" Y yo, que destaco por tener una increíble carencia de olfato sólo pude responder que "no" (con cara de bobo).

Sin embargo esta conversación se amplió con otras personas y muchas coincidieron en que sí recordaban el olor de su madre y que este recuerdo, el oler prendas de sus madres u olerla a ella directamente les producía un sentimiento de calidez y de seguridad.

Sería algo así como volver a la infancia, a recordar aquellos momentos en que teníamos mucho tiempo libre, pocas preocupaciones y a nuestra madre siempre que necesitábamos un rincón de intimidad, de apoyo y de cariño.

Lo cierto es que la lógica de este fenómeno tan "animal" es aplastante. Los niños nacen con un olfato muy desarrollado y superior al que tenemos los adultos. Este nivel de desarrollo se explica desde la necesidad de asegurarse un alimento adecuado lo antes posible.

A las 24 horas de haber nacido (que es cuando les hicieron los estudios, por lo que quizá sea antes) los bebés son capaces de mostrar rechazo a ciertos alimentos en base a su olor.

Es tal el instinto de supervivencia que se aferran al olor de su madre como si les fuera la vida (bien, de hecho, prácticamente les va la vida). Para que veáis unas muestras de sus capacidades os dejo algunos ejemplos:

  • Si una mujer se lava uno de los dos pechos, el bebé preferirá mamar del que mantiene el olor corporal de su madre, el que no ha sido lavado.
  • Si a un bebé se le coloca a un lado un objeto con el olor de su madre y al otro un objeto con el olor de otra mujer el bebé gira la cabeza hacia aquel que preserva el olor de su madre. En este caso hablamos del olor de su madre, no exclusivamente del olor a leche materna.
  • Cuando un bebé amamantado tiene hambre de noche, es capaz, aunque no tenga luz, de dirigirse al pecho y empezar a mamar guiado por su olfato.

Una vez sus capacidades motrices van perfeccionándose y el resto de sentidos van cogiendo protagonismo el olfato se va perdiendo por desuso.

Los peligros reales de hoy en día que puedan ser detectados con el olfato son pocos, y por ello el resto de sentidos, probablemente más utilizados, adquieren mayor relevancia.

Por la importancia del olor de una madre en la primera etapa de la vida, la recomendación, tanto para el padre como para la madre, y sobretodo para ella, es la de evitar colonias y perfumes que añadan artificios al olor natural de la piel.

De esta manera el bebé tendrá una impronta en forma de olor que recordará durante mucho tiempo (como veis incluso hasta la edad adulta), ese olor de madre que le proporciona seguridad, calidez y amor.

La agudeza del olfato en una madre es espectacular. Algunos estudios realizados han demostrado que, después de pasar una madre sus primeros diez minutos con el bebé, es capaz de poder distinguir a su hijo de entre varios sólo por el olor. Los experimentos dieron como resultado un 90% de éxito.

 

La preocupación por el peso es muy frecuente entre las madres lactantes, pero en la mayoría de los casos todo está funcionando bien y el niño está ganando adecuadamente. Tenga en cuenta que:

  • La mayoría de las gráficas de peso y longitud de que disponemos actualmente están confeccionadas con niños que en su mayoría fueron alimentados con biberón y constituyen solo una ayuda orientativa ya que los bebés alimentados con leche artificial son más gorditos que los amamantados. La OMS ha confeccionado gráficas a partir de niños alimentados óptimamente al pecho que son más adecuadas para valorar el crecimiento de los lactantes. Están disponibles desde abril de 2006 en: http://www.who.int/childgrowth/en/
  • Las gráficas se realizan a partir de datos estadísticos (son un "modelo estadístico") por lo que la mitad de los niños normales están por debajo de la media. Es más importante la valoración clínica del niño: su aspecto, vivacidad, si moja 4-5 pañales diarios...
  • Es más importante la velocidad de crecimiento que el peso en un momento determinado. Ganancias aproximadas:

0-6 sem 20 gr/día
<4m 100-200 gr/sem
4-6m 80-150 gr/sem
6-12m 40-80 gr/sem

  • El crecimiento del niño debe controlarlo el pediatra en la consulta. No es una buena idea pesar al niño a menudo en la farmacia porque puede inducir a error. Pasado el primer mes no es necesario pesar al niño cada semana, salvo circunstancias especiales por indicación del pediatra.

Desde AEPED

  • USO E INTERPRETACIÓN DE LAS GRÁFICAS DE PESO

En el vídeo, el pediatra CARLOS GONZALEZ.

El bebé, cuando es llevado al hogar de su madre ya conoce a fondo cómo es la vida. A un nivel preconsciente que determinará todas sus impresiones posteriores, al igual que las determina ahora, sabe que la vida es insoportablemente solitaria, que no responde a sus señales y que está llena de sufrimiento.

En una unidad de neonatología de las maternidades de la civilización occidental hay muy pocas posibilidades de recibir el consuelo de una mamá loba. El recién nacido, cuya piel está pidiendo a gritos volver a sentir aquella carne suave, cálida y viva con la que estaba en contacto, es envuelto en una tela seca e inerte. Es colocado en una caja y dejado ahí, por más que llore, en un limbo donde no hay el menor movimiento (por primera vez en toda la experiencia de su cuerpo, en los siglos de evolución o en la eternidad vivida en el útero).

Los únicos sonidos que puede oír son los gemidos de otras víctimas que están sufriendo el mismo indescriptible tormento. Puede que los sonidos no signifiquen nada para él. El bebé no cesa de llorar; sus pulmones, que no están acostumbrados al aire, se sobre esfuerzan con la desesperación que hay en su corazón. No acude nadie. Confiando en la perfección de la vida, como debe hacer por naturaleza, efectúa el único acto que puede hacer, que es llorar. Hasta que, después de haber pasado un tiempo que para él es una eternidad, se duerme agotado.

Más tarde se despierta en el vago terror que le produce el silencio, la inmovilidad. Se echa a llorar. Todo su cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los pies, está embargado por un ardiente anhelo y deseo, por una intolerable impaciencia. Respira con dificultad y chilla hasta sentir que su palpitante cabeza está a punto de estallar. Llora hasta que el pecho y la garganta le duelen. Ya no puede soportar más el dolor y sus sollozos se van apagando hasta calmarse. Ahora se pone a escuchar. Abre las manos y las vuelve a cerrar apretando los puños. Mueve la cabeza de un lado a otro. Nada parece ayudarle. El sufrimiento es insoportable. Se echa de nuevo a llorar, pero supone demasiado esfuerzo para su dolorida garganta y al cabo de poco vuelve a callarse. Tensa su atormentado y anhelante cuerpo y siente un poco de consuelo. Agita las manos y patalea con los pies. Se detiene, sufriendo, incapaz de pensar o de tener esperanzas. Se pone a escuchar. De nuevo cae dormido.

Al despertar se hace pipí en los pañales y el suceso le distrae de su tormento. Pero el agradable acto de orinar y la cálida, húmeda y fluida sensación que siente alrededor de la parte inferior de su cuerpo desaparecen rápidamente. El calor se inmoviliza ahora y se vuelve frío y pegajoso. El pequeño patalea, tensa el cuerpo, llora a lágrima viva. Desesperado a causa del intenso deseo de contacto que le acucia, rodeado de un entorno inerte, húmedo e incómodo, expresa llorando desconsoladamente su infelicidad hasta que se tranquiliza con su solitario sueño.

De pronto, alguien lo levanta; vuelve a creer que va a obtener aquello que tanto desea. Le sacan el pañal. Se siente aliviado. Unas manos vivas le tocan la piel. Levantándole los pies, le envuelven el bajo vientre con otro paño seco y sin vida. Al cabo de un momento es como si las manos y el pañal húmedo no hubieran existido nunca. No hay ningún recuerdo consciente, ninguna chispa de esperanza. Se encuentra en medio de un vacío insoportable, eterno, inmóvil y silencioso, lleno de un intenso, intensísimo deseo de vital contacto. Su continuum intenta utilizar las medidas de emergencia de que dispone, pero todas están concebidas para unir los breves espacios de tiempo en los que permanecerá sin recibir el trato correcto o para pedir consuelo a alguien (que se supone) que desea dárselo. Su continuum no tiene ninguna solución para una situación tan extrema. Ésta supera su basta experiencia. La naturaleza del bebé, aunque el pequeño sólo haga algunas horas que respire, ha llegado a tal punto de desorientación que la situación supera a la fuerza salvadora de su poderoso continuum. La experiencia vivida en el útero ha sido la que probablemente más se acercará de todas al estado de bienestar que, de acuerdo a sus expectativas innatas, tendría que experimentar durante toda su vida. Su naturaleza se basa en la suposición de que su madre se está comportando correctamente y de que las motivaciones que la impulsan y las consiguientes acciones se beneficiarán sin duda unas a otras.

Alguien llega y lo levanta deliciosamente en medio del aire. Vuelve a la vida. Lo llevan de una manera demasiado delicada para su gusto, pero al menos experimenta algún movimiento. Después se encuentra en su lugar. Todo el sufrimiento que ha padecido ahora ya no existe. Descansa en unos brazos que lo envuelven y aunque su piel al entrar en contacto con la ropa de la madre no le envíe ningún mensaje de encontrar consuelo ni sienta el contacto de una piel viva, sus manos y su boca le comunican que se sienten bien. El positivo placer que produce la vida, el estado normal para el continuum, es casi completo. El sabor y la textura del pecho materno está presentes, la cálida leche fluye a su hambrienta boca, oye los latidos de un corazón que debería haber sido su vínculo, el sonido que le confirma la continuidad de la existencia vivida en el útero; las formas moviéndose anuncian con claridad que hay vida. El sonido de la voz también es correcto. Sólo hay algo que falta en la ropa y en el olor que percibe (la madre se ha puesto colonia). El bebé succiona la leche y cuando está lleno y con las mejillas sonrosadas, se queda dormido.

Al despertar se encuentra en un infierno. No tiene ningún recuerdo, esperanza ni pensamiento de la visita que le ha hecho su madre que pueda tranquilizarle en este inhóspito purgatorio. Las horas, los días y las noches van transcurriendo. El bebé se echa a llorar, queda agotado, cae dormido. Se despierta y se hace pipí en el pañal. Ahora este acto ya no le resulta agradable. El efímero placer que le producen sus aliviadas tripas se torna en un dolor cada vez más punzante cuando la orina caliente y ácida entra en contacto con su irritada piel. Se pone a chillar. Sus cansados pulmones necesitan gritar para no sentir el doloroso escozor. Llora hasta que el dolor y el llanto lo agotan hasta caer dormido.

En este hospital, que es de lo más normal, las ocupadas enfermeras cambian los pañales de los recién nacidos a unas determinadas horas, tanto si están secos como si hace poco o mucho que están húmedos, y mandan a los bebés a sus casas totalmente escaldados para que los cuide alguien que tenga tiempo para ello.

El bebé, cuando es llevado al hogar de su madre (sin duda no puede decirse que sea el hogar del pequeño), ya conoce a fondo cómo es la vida. A un nivel preconsciente que determinará todas sus impresiones posteriores, al igual que las determina ahora, sabe que la vida es insoportablemente solitaria, que no responde a sus señales y que está llena de sufrimiento.

Pero aún no se ha rendido. Su fuerza vital intentará siempre recuperar el equilibrio mientras haya vida en él.

El hogar en que se encuentra sólo se diferencia de la unidad de neonatología de la maternidad en que ahora no tiene la piel irritada. Durante las horas en las que el bebé está despierto, está anhelante, ansioso de contacto físico y espera de manera interminable que el silencioso vacío sea reemplazado por la situación correcta.

Durante algunos minutos al día su intenso deseo cesa momentáneamente y la terrible necesidad de su piel de ser tocada, sostenida y movida es satisfecha. Su madre es la persona que, después de habérselo pensado mucho, ha decidido dejarle acceder a su pecho. Ella lo quiere con una ternura que nunca antes había sentido. Al principio, a la madre le resulta difícil dejar a su hijo en la cuna después de haberle dado el pecho, sobre todo porque él se echa a llorar desconsoladamente. Pero está convencida de que debe hacerlo, ya que su madre le ha dicho (y ella debe saberlo) que si ahora le hace caso lo malcriará y más tarde su hijo le causará problemas. Ella desea hacerlo todo correctamente; por unos momentos siente que la pequeña vida que sostiene entre sus brazos es más importante que cualquier otra cosa en el mundo.

Suspira y deja suavemente a su hijo en la cuna, decorada con patitos amarillos a juego con la habitación. Ha puesto mucho esfuerzo para decorarla con unas cortinas suaves y sedosas, una alfombra en forma de un enorme oso panda, un tocador blanco, una bañera y un vestidor equipado con polvos de talco, aceite, jabón, champú y un cepillo, todo fabricado y envasado con los colores especiales para bebés. La pared está decorada con imágenes de crías de animales vestidas como personas. Los cajones de la cómoda están llenos de camisitas, peleles, patucos, gorritos, mitones y pañales. Sobre la cómoda, colocados de lado en un cautivador ángulo, hay un corderito de peluche y un jarrón con flores recién cortadas, ya que a su madre también le "encantan" las flores.

Ella le estira la camisita y lo arropa con una sábana bordada y una manta decorada con las iniciales del pequeño. Las contempla llena de satisfacción. Ella y su marido no han reparado en gastos para decorar la habitación de su bebé a la perfección, aunque no hayan podido comprar aún los muebles que han elegido para el resto de la casa. Se inclina para besarle la sedosa mejilla y se dirige hacia la puerta mientras el primer agonizante chillido hace estremecer el cuerpo del bebé.

Cierra con suavidad la puerta de la habitación. Le ha declarado la guerra. Su voluntad debe imponerse a la de su hijo. A través de la puerta oye un sonido parecido a alguien que es torturado. El sentido de su continuum lo reconoce como tal. La naturaleza no envía unas señales claras de que alguien está siendo torturado a no ser que sea éste el caso. La tortura es precisamente tan seria como suena.

La madre duda, su corazón desea volver con su hijo, pero se resiste y se aleja. Acaba de cambiar y alimentar a su bebé. Como está segura de que no necesita realmente nada, lo deja llorar hasta que el pequeño se queda agotado.

Él se despierta y se echa a llorar de nuevo. Su madre entreabre la puerta para asegurarse de que el pequeño está bien. Después vuelve a cerrarla con suavidad para que su hijo no piense que va a recibir la atención que está pidiendo luego se apresura a volver a la cocina para reanudar lo que estaba haciendo y deja la puerta abierta para poder oír a su hijo por si "le ocurriera algo".

El llanto del bebé se va transformando en temblorosos gemidos. Al no recibir ninguna respuesta, la fuerza del móvil de la señal se pierde en la confusión de un estéril vacío al que el consuelo tendría que haber llegado hace mucho tiempo. El bebé mira a su alrededor. Más allá de las barras de la cuna hay una pared. La luz es tenue. No puede darse la vuelta. Sólo ve los barrotes, inmóviles, y la pared. Oye los sonidos sin sentido de un mundo lejano. Cerca no hay ningún sonido. Contempla la pared hasta que los ojos se le cierran al volver a abrirlos, los barrotes y la pared siguen exactamente en el mismo lugar que antes con la única diferencia de que ahora la luz es más tenue.

Entre la eternidad que pasa contemplando los barrotes y la pared, pasa otra eternidad contemplando los barrotes de ambos lados y el lejano techo. A lo lejos, a un lado, se ven unas formas estáticas que siempre están ahí.

Hay momentos en los que siente algún movimiento y algo cubriéndole los oídos, un sonido apagado y un montón de ropa sobre él. Cuando esto ocurre, puede ver desde el interior la esquina blanca de plástico del cochecito y, de vez en cuando, grandes bloques de casas deslizándose a lo lejos. Ve también las lejanas copas de los árboles que tampoco tienen nada que ver con él, y a veces personas mirándole que hablan normalmente entre ellas o en ocasiones con él.

Más a menudo, estas personas agitan un objeto que hace ruido frente a él y el bebé siente, al estar tan cerca, que se encuentra cerca de la vida y alarga la mano y agita los brazos deseando encontrarse en su lugar. Cuando le acercan el sonajero a la mano, lo coge y se lo mete en la boca. Pero no recibe la sensación que estaba esperando. Agita las manos y el sonajero vuela por los aires. Una persona se lo vuelve a traer. Como desea que esta prometedora figura regrese, se dedica a arrojar el sonajero o cualquier otro objeto que tenga a mano mientras el truco funcione. Cuando ya no se lo devuelven más, se dedica a mirar el vacío cielo y la capota del cochecito.

Cuando llora en el cochecito es a menudo recompensado con signos de vida. Su madre mueve el cochecito porque ha aprendido que esto tiende a hacerle callar. Su intenso deseo de movimiento y experiencias, todo aquello que sus antepasados tuvieron en sus primeros meses de vida, se calma un poco cuando su madre mueve el cochecit5o, lo cual de una manera muy pobre le ofrece al menos alguna experiencia.

Como no asocia las voces que oye a su alrededor con nada que le ocurra a él, tienen muy poco valor porque no anuncian que vayan a colmar sus expectativas. Sin embargo, son más gratificantes que el silencio que reinaba en la maternidad. El cociente de las experiencia de su continuum está casi a cero; su principal experiencia real es la del deseo.

Su madre lo pesa con regularidad y se siente orgullosa del progreso de su hijo.
Las únicas experiencias útiles constituyen los pocos minutos al día que le permiten estar en brazos y algunas otras vividas de manera irregular que le sirven para sus otras necesidades y que se van agregando a sus cuotas. Cuando el bebé está en el regazo de su cuidadora, puede acercarse corriendo un niño gritando y añadir la emoción de crear un poco de acción a su alrededor mientras aquél se siente seguro. El pequeño oye el agradable zumbido del motor del automóvil mientras es zarandeado plácidamente en el regazo de su madre cuando el tráfico se detiene y cuando vuelve a circular. Oye ladridos de perros y otros ruidos repentinos. Aunque a algunos les perturben cuando están en el cochecito, a otros, sin embargo, les asustarían si no estuvieran en brazos.

Los objetos que le ponen a su alcance sirven para imitar aquello que al niño le está faltando. La tradición dicta que los juguetes consuelan a los bebés que están sufriendo, pero de algún modo lo hacen sin reconocer el sufrimiento de los mismos.

En primer lugar está el osito o cualquier otro muñeco suave similar que sirve "para dormir". Está concebido para dar al bebé la sensación de tener un constante compañero. El intenso cariño que a veces un niño acaba sintiendo por él se considera un encantador capricho infantil en vez de verse como la manifestación de una grave carencia afectiva que le ha llevado a aferrarse a un objeto inanimado en su necesidad de encontrar un compañero que no le abandone. Los cochecitos con juguetes que suenan, y las cunas que se balancean son otra desgraciada imitación. Pero el movimiento sustituye de una manera tan pobre y tosca el movimiento que un niño experimenta mientras su madre lo transporta, que satisface muy poco el intenso deseo del solitario bebé. A parte de ser inadecuado, suele también ser infrecuente. Están también los juguetes que se cuelgan en las cunas y los cochecitos que suenan, tintinean o repiquetean cuando el bebé los toca. La habitación del bebé se suele adornar con móviles de vivos colores, un nuevo objeto que el pequeño puede contemplar aparte de las paredes. Los móviles atraen su atención, pero sólo se cambian de vez en cuando y no llegan a llenar la necesidad que tiene el niño para su desarrollo de disfrutar de una variada experiencia visual y auditiva...

Jean Liedloff
Extraído de la obra El concepto del Continuum

 

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Desde el quinto mes de embarazo el pequeño escucha la voz de su madre y empieza a familiarizarse con ella. Cuando nace, todo le parece extraño y hostil menos la voz de su mamá (y de su papá), y escucharla de nuevo le tranquiliza y le hace sentirse más protegido, como si aún permaneciera en el cálido ambiente del útero materno.

La medicina más natural

Por eso es tan recomendable que las madres dediquen palabras cariñosas a sus bebés... y que les canten nanas en voz bajita y al oído (hasta los 6 meses tienen los tímpanos muy sensibles), no sólo porque escucharlas les da seguridad, sino por más razones:

  • La cadencia monótona de estas canciones es similar a la de los latidos del corazón, lo que les relaja mucho. Y no es palabrería: está demostrado que la frecuencia cardiaca y el ritmo respiratorio de los bebés disminuye mientras están escuchando nanas, lo que les ayuda a conciliar el sueño y a sentirse mucho mejor si están enfermos.
  • El tono cariñoso de la voz de mamá o de papá les hace sentirse queridos y cuidados, lo que contribuye a reforzar sus lazos de unión. Y es que al bebé le gusta mucho que también su padre le cante nanas. Aunque tradicionalmente son las mujeres las creadoras e intérpretes de estas canciones, está claro que los niños también conocen la voz de su papá desde que estaban en el útero materno y, además, sienten predilección por los tonos graves (les resultan mucho más agradables que los agudos).
  • Al mecer al bebé al ritmo de la nana, el efecto sedante de la canción aumenta. De hecho, los antropólogos aseguran que las madres empezaron a mecer a sus bebés moviéndolos en las rodillas y cuando se dieron cuenta de que su voz ayudaba a los pequeños a calmarse, acompañaron estos balanceos con improvisadas canciones de cuna. Estos movimientos rítmicos también alivian las molestias por cólicos y gases, favorecen el proceso digestivo y ayudan a los niños a perfeccionar el sentido del equilibrio.

Despiertan su inteligencia

El objetivo fundamental de las nanas es tranquilizar al bebé y ayudarle a conciliar el sueño, pero también pueden utilizarse para favorecer su desarrollo intelectual (si no te sabes ninguna nana puedes cantarle cualquier canción moderna, siempre y cuando lo hagas bajito).

Tenlo en cuenta y mientras cantas a tu hijo, acerca tu cara a la suya, a unos 25 centímetros de distancia para que pueda verte bien, vocaliza mucho y adapta tu tono de voz a los giros de la canción. Tu pequeño observará fijamente tus expresiones, lo que le ayudará a mejorar su capacidad de atención y a perfeccionar su sentido del oído.

Aunque aún no entiende lo que le dices, al escuchar tus nanas y mirarte mientras se las cantas irá archivando en su memoria muchas de tus palabras y el tono con el que las pronuncias, algo que cuando empiece a hablar le servirá de gran ayuda.

Desde: www.crecerfeliz.es

 

  • Te recomiendo leer LA CULTURA DE LAS NANAS, un bonito texto desde El Blog Alternativo.
  • Y no puedo dejar de colgaros este estupendo vídeo, donde un perro calma el llanto de un bebé con sus aulidos... con su nana. Es precioso!

 

Extraigo este texto del libro LA CRIANZA FELIZ de Rosa Jové, que recomiendo encarecidamente a todos los padres (mamás y papás) o futuros. A mi juicio, un libro excelente que trata muchísimos aspectos relacionados con la crianza de nuestros hijos, desde el parto hasta los 6 años, pasando por diferentes etapas y dedicando un capítulo (que no tiene desperdicio) a los papás.

El bebé acaba de nacer, ha estado nueve meses con usted y no es cuestión de cambiar eso en un minuto.

Las hormonas liberadas por la madre y por el bebé durante las contracciones y el parto no se eliminan inmediatamente, sino que se van elimninando poco a poco y son las responsables  de que se establezca este vínculo afectivo entre la madre y su bebé. Este periodo se denomina "periodo sensible" y va a jugar un papel crucial en la relación materno-filial que se estabezca. Por ello es fundamental que todos los cuidados que se proporcionen a la pareja mamá-bebé durante este periodo tengan  como premisa respetar este momento y no realizar ninguna intervención que implique separarlos o desviar la atención de uno hacia el otro.

De esta forma, la fisiología del posparto también evolucionará correctamente, favoreciendo, por ejemplo, que los niveles hormonales mantengan el útero contraído (evitando así la hemorragia posparto).

Este contacto piel con piel entre la madre y el recién nacido tras el parto favorece no sólo el vínculo, sino que propicia:

  • La sincronía térmica.

Hay una sincronía entre la temperatura corporal de la madre (unos 36-37ºC) y el bebé. El bebé depositado sobre el pecho desnudo de la madre "sube" su temperatura de forma más rápida que envuelto en las mejores mantas y depositado en la más eficaz de las incubadoras.

  • La reducción del llanto del bebé.

Como todo bebé altricial, necesita del cuidado de otros para su supervivencia, por lo tanto, el no sentir a alguien cerca le provoca respuestas de llamada hacia el cuidador. Eso es el llanto del bebé separado.

Todos los bebés, al ser separados de la madre, responden con lo que se llama protesta de desesperación. Lloran ininterrumpidamente para conseguir volver a reunirse con la madre. Sólo dejan de llorar cuando ya no tienen fuerzas para seguir haciéndolo. El llanto prolongado provoca estrés y el bebé estresado cae en la desesperación. La temperatura corporal baja para ahorrar energías y poder sobrevivir más tiempo solo. La frecuencia cardíaca se hace inestable y la respiración se altera significativamente.

  • El bebé es colonizado por las bacterias de la madre.

Estar con la madre favorece la colonización del bebé de la flora bacteriana de la madre, lo que impide que otros gérmenes patógenos lo hagan, evitando así infecciones nosocomiales (infección contraída en el hospital).

  • La reducción del estrés.

Un recién nacido separado tiene a las seis horas de nacer el doble de cantidad de hormonas de estrés que un recién nacido que haya permanecido en contacto piel con piel con su madre.

  • Fomenta el inicio de la lactancia

y la buena marcha de ésta, ya que el bebé dejado al pecho suele reptar e iniciar la lactancia por si solo. Pero sobre todo empieza a tomar calostro, de vital importancia para el recién nacido.

  • Fomenta la vinculación entre la madre y el hijo

no sólo en los primeros momentos, sino hasta edades muy prolongadas. "No hay un tiempo de separación seguro. La separación siempre daña. Lo correcto es no separar en absoluto" (Asociación El Parto Es Nuestro)

 

No olvidemos que el parto conlleva el nacimiento de un nuevo ser que tiene derecho a ser recibido con respeto a sus necesidades básicas, con seguridad pero con amor. [...]

Algunos se preguntarán cómo se va a llevar a cabo la exploración del recién nacido si no es separado de su madre. En la "Estrategia de atención al parto normal" del Ministerio de Sanidad y Consumo se exlpica que lo más importante, una vez el niño ya está en este mundo, es la identificación y el test Apgar. Las dos cosas pueden ser realizadas permaneciendo encima de su madre. Y cuando finalice este contacto precoz, (unos setenta minutos), entonces ya se puede realizar el pesado del niño, la profilaxis ocular, vitamina k... en presencia de los padres y con su consentimiento.

Es decir, que después de un periodo prudencial, son los padres los que deciden cuándo se le practican esas pruebas al bebé.

Hace unos años el equipo de Karolinska Institutet de Estocolmo realizó el siguiente estudio en el Hpspital 12 de Octubre: "Separation Distress Call in the Human Neonate in the absence of Maternal Body Contact". Querían estudiar los efectos de la separación sobre los bebés y tuvieron que venir hasta aquí porque las leyes suecas impiden la separación de madre-bebé tras el nacimiento.

[...]

El pinzamiento precoz del cordón umbilical interrumpe totalmente el aporte de oxígeno de la placenta antes de que los pulmones comiencen a funcionar y detiene la transfusión placentaria; es decir, la transferencia de un gran volumen de sangre (hasta el 50% del volumen total), cuya función es principalmente la de establecer la circulación a través de los pulmones del bebé para iniciar su funcionamiento.

[...]

Actualmente se consideran perjudiciales para el niño acciones como el aspirado de secreciones nasales o la introducción de sondas bucales y anales. No deje que se las practiquen a su hijo de forma rutinaria. El aspirado puede provocar un taponamiento de las fosas nasales (aunque sea por irritación e hinchazón) que impide la lactancia, y la introducción de sondas en un bebé que no gestiona el estrés (y que siente más dolor que un adulto) provoca estados de shock y ansiedad. Si el niño tuviera el orificio bucal obstruido se verá con la primera toma de leche de su madre, y el cierre del anal si no expulsara el meconio. Fácil, ¿no?

 

  • Para más información: www.quenoosseparen.info
  • ¿Qué hacen los médicos cuando se llevan a nuestro bebé 10 minutitos? Observa y escucha el llanto desgarrador de este bebé...observa cómo calla al acercarlo a su madre y cómo vuelve a desesperarse cuando lo vuelven a alejar.  Ésto es lo que se hace, ésta es la bienvenida al mundo que le dan a nuestros pequeños si no es un hospital respetuoso o nosotros lo impedimos (sencillamente, negándonos y no soltando a NUESTRO bebé):

 

 

Todo puede esperar. No es necesario hacer pasar este calvario a un bebé recién nacido. Puedes negarte, infórmate.

 

Entrevista a Cristina Silvente:

En ocasiones, una madre desbordada con su bebé de altas necesidades puede llegar a sentir que no da más, que no es buena cuidadora o, incluso, que es capaz de dañar a su hijo. ¿Qué le está pasando? ¿Qué pueden hacer sus allegados por ella? Bebés de Alta Demanda ha contactado con una experta para aclarar dudas respecto a la melancolía tras parir y la depresión postparto y sus consecuencias en la crianza del bebé.

Cristina Silvente es psicóloga y trabaja en el ámbito de la Psicología Perinatal en la Cooperativa Titania-Tascó en Barcelona. Silvente está especializada en tratar el Trastorno de Estrés Postraumático después del parto; la atención al duelo por muerte perinatal; la depresión durante el embarazo y el postparto, y problemas de adaptación en la maternidad/paternidad y cuidados al cuidador. Una prolífica carrera profesional la avala.

BBAD: ¿Qué tipos de depresiones existen tras dar a luz?

Cristina Silvente: Depresión posparto sólo hay una. Otra cosa es otro tipo de trastornos que se dan que no deben confundirse, como es el Trastorno por Estrés Postraumático después del parto, debido precisamente a un parto traumático; o un proceso de duelo porque el parto no fue cómo esperábamos.

Se habla comúnmente de depresión postparto a la tristeza o melancolía típica después de nacer el bebé que es un proceso totalmente normal y que se suele dar en un porcentaje alto de mujeres pero que no suele durar más de 15 días. Esto no es depresión. Una depresión postparto es un cuadro clínico del que, entre otros síntomas, destacan el miedo de hacer daño al bebé o de no cuidarlo bien que hace que las madres no se puedan ocupar de ellos y deleguen esta tarea en madres, suegras, padres u otros. Incluso pueden haber ideas de muerte.

BBAD: ¿Qué le  pasa a una madre que sufre fobia de impulsión por  su bebé (cuando una puérpera fantasea con violentar a su bebé y tiene miedo de estar a solas con su hijo por temor a hacerle daño)?

Cristina Silvente: La fobia de impulsión (término que no viene definido por los manuales de diagnóstico internacionales) es el principal síntoma de la depresión posparto. Es primordial porque es el que diferencia una depresión postparto de la depresión mayor (que es el término que se utiliza para definir la depresión en cualquier momento de la vida). La fobia de impulsión se refiere al miedo de la madre a hacer daño o a no saber cuidar al recién nacido.

BBAD:  Una depresión durante el embarazo ¿cómo afecta al futuro bebé? ¿cómo afecta a la madre tras el parto? ¿cómo afecta al puerperio y a su desarrollo?

Cristina Silvente: La depresión durante el embarazo se ha relacionado con la depresión postparto. Los bebés de madres embarazadas podrían ser más vulnerables a sufrir también depresión o problemas de salud mental futuros. Estudios recientes han demostrado que una madre que sufre estrés (no de la vida cotidiana o hechos puntuales, sino un sufrimiento crónico o traumas pasados no resueltos) segrega más cortisol durante el embarazo y su bebé nace con una cantidad inferior de cortisol, lo cual le hace más vulnerable para enfrentarse a los acontecimientos que tendrá en su vida, más proclive a traumatizarse.

Cuando se dice esto es fácil culpabilizarse porque todas las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Pero que una persona haya vivido ciertos hechos de su vida no quiere decir que esté condenada para siempre, sino que lo importante es procesar esos acontecimientos de una manera que ya no hagan daño. Lo ideal sería poder estar bien antes incluso de estar embarazadas o trabajar temas pendientes durante el embarazo. El bebé captará no el dolor de su madre, sino cómo ha resuelto el problema.

Una madre que arrastra problemas y que se encuentra deprimida, no está en la mejor forma posible para hacer frente a los cambios o a las nuevas situaciones. A cualquiera de nosotras/os nos pasa, que si hemos tenido un mal día en el trabajo luego no tenemos la misma paciencia y aguante en las pequeñas cosas de la vida diaria o con nuestras parejas o nuestros hijos/as. Pero con ayuda y apoyo esta madre puede ver una nueva perspectiva en su maternidad. La lactancia materna, por ejemplo, se ha demostrado como una vía de tratamiento de la depresión postparto, ya que las hormonas que se segregan ayudan al vínculo y la lactancia. La obliga a cuidar de su bebé con efectividad, que es uno de los problemas que suelen tener. Pero claro, esta lactancia tiene que ser vivida de forma positiva.

 

BBAD: Cuando una madre rechaza a su hijo al nacer, ¿cómo podemos actuar los familiares?

Cristina Silvente: Podemos dar apoyo a esa madre, demostrarle que es buena madre, que a veces algunas mujeres se sienten contrariadas con la maternidad y que es normal tener dudas, miedos. Es importante ayudarle a resolver dichas dudas -siempre desde un tono positivo- hablando de lo que se puede hacer y no de lo que no se puede hacer. Cuando nos encontramos mal necesitamos ver un horizonte de esperanza y un lugar donde cobijarnos. Hablando con ella, con tranquilidad, nos puede contar cómo se siente, qué le pasa, el por qué de ese rechazo. Nunca obligar a nada, siempre acompañar.

 

BBAD: ¿Si una madre teme maltratar a su bebé, a dónde puede acudir para que la ayuden?

Cristina Silvente: Puede ser un síntoma de depresión postparto. Lo mejor es que consulte con un profesional de la Psicología, experto en temas de maternidad a ser posible.

 

BBAD: ¿Cómo afecta la autoimagen o la percepción de una misma al buen desarrollo del embarazo y del parto y al puerperio?

Cristina Silvente: Si una mujer no está contenta con su cuerpo es fácil que no viva muy bien los cambios que se producen en el embarazo, parto y puerperio. La autoestima es necesaria para vivir con plenitud este proceso. Por eso es necesario resolver problemas pendientes antes y durante el embarazo, para estar más feliz con los cambios.

 

BBAD: En este sentido, ¿si una mujer vive un mal embarazo a nivel emocional tiene posibilidades de desarrollar una depresión postparto?

Cristina Silvente: Posibilidades sí. No es una relación directa, hay que ser cautos a la hora de hablar de causas y relaciones. Por suerte tenemos unos meses para poder buscar ayuda o hacer un viaje interior para resolver nuestras dificultades.

 

BBAD: ¿Cómo se puede reducir la culpabilidad de la madre tras el parto (prematuros, cesáreas no programadas, intervenciones innecesarias, parto traumático)?

Cristina Silvente: Parece que la culpabilidad es algo que viene de regalo con la maternidad. Además, muchas veces el mismo entorno y los profesionales ayudamos a ahondar en esa culpabilidad. Ayuda tener información previa, estar preparada, conectada con una misma. Si ha ocurrido algo que no esperábamos, es como cualquier otra pérdida que tenemos en la vida y detrás de ello hay todo un proceso de duelo. La culpabilidad es parte de ese proceso. Es como si nuestro cerebro buscase respuestas de todo lo que se podía haber hecho y no se hizo, ayuda a comprender qué pasó. Pero estancarse en la culpa es el problema. Conocer cómo es un proceso de duelo, estar en contacto con otras personas que han pasado por lo mismo y han aprendido a vivir con ello puede ser un gran apoyo.

 

BBAD: ¿El estrés postraumático tras un parto cómo se trata y cómo afecta al recién nacido?

Cristina Silvente: El estrés postraumático después del parto es otro síndrome que tiene que ser diagnosticado por un profesional. Aunque si se conociese más, ayudaría a entender por lo que están pasando estas mujeres, a no minimizarlo ni a confundirlo con otros trastornos.

Existen diferentes tratamientos que se pueden aplicar, pero el que se ha visto más efectivo es la terapia psicológica, sobre todo aquellas que integran diferentes factores y que sirven para procesar la información y las emociones relacionadas con el evento traumático, como es el EMDR y que yo suelo aplicar en estos casos con muy buenos resultados y muy rápidos.

No puedo dar datos exactos del efecto en bebés, pero muchas madres que yo he conocido y/o atendido sienten que el bebé les recuerda cada día el parto (el evento traumático), y su malestar las suele preocupar porque no quieren que les afecte. A veces su nivel de activación nerviosa las suele incomodar a la hora de cuidar a su bebé, pero muchas se sienten más tranquilas dando el pecho, porque la lactancia tranquiliza tanto a la madre como al bebé (debido a las hormonas que se segregan en ambos).

 

BBAD:  ¿Una madre con depresión o inestable emocionalmente tiene más posibilidades de tener un hijo altamente demandante?

Cristina Silvente: No tengo datos sobre ello, pero si una madre está deprimida o emocionalmente no se encuentra bien ya tiene bastante como para encima tener que cuidar de otra persona. Me refiero a que es normal que se sienta desbordada al tener que cuidar de un bebé. Pensad que una regla de los profesionales que cuidamos de otras personas es estar bien nosotros. Si no nos cuidamos, no podemos cuidar. Puede que de alguna manera el bebé capte que su mamá no está bien o que algo pasa y necesita más atención para encontrarse él o ella bien y por eso demande más. O puede ser una mezcla de todo.

 

BBAD: ¿Puede establecer un vínculo sano con su hijo una madre puérpera con depresión?

Cristina Silvente: Los estudios nos dicen que una madre deprimida cuida menos de su bebé, le mira menos, sonríe menos y eso tiene una influencia negativa en el desarrollo de este bebé.

 

BBAD: ¿Puede citar algunas asociaciones o grupos de apoyo que ofrezcan ayuda a las madres solas o sin recursos emocionales para afrontar la maternidad?

Cristina Silvente: En Cataluña hay una asociación de familias monoparentales: www.families-monoparentals.org. Supongo que en cada comunidad debe haber alguna. Aunque cualquier entidad en donde hayan madres puede ser de gran apoyo.

Como veis, insisto mucho en el apoyo social porque se ha visto como un factor determinante. En otras sociedades, las mujeres viven la maternidad siempre en comunidad, desde pequeñitas crecen sabiendo qué es cuidar de un bebé, porque han colaborado en ello y siempre hay una madre que vigila a tu hijo/a mientras te ausentas o tienes que hacer otras tareas. Las madres de nuestra sociedad están muy solas, y muchas veces no se las comprende. Las personas cercanas, la mayor parte de las veces con las mejores intenciones, no hacen más que señalar aquello que no se hace bien. Ser madre a veces es una carrera de obstáculos, pero al final la mayor parte salimos fortalecidas.

Además, existe una idea no real de lo que es la maternidad, como si una madre tuviera que estar siempre feliz. Muchas madres no tienen el espacio para poder hablar de sus inquietudes, de lo que les pasa, de sus miedos, etc. sin ser juzgadas. Este espacio pocas veces se encuentra, por desgracia, en la familia, y necesitamos buscarlo fuera. Los grupos de apoyo de madres están surgiendo a iniciativa de ellas porque hay una necesidad que no está cubierta de ninguna otra manera.

La labor de una madre es muy, muy importante para una sociedad, y, sin embargo, su valor no está nada reconocido. Cuando se le de el valor necesario, quizá no hagan falta grupos de apoyo.

BBAD: ¿Cómo grupo de apoyo, podemos ayudar a una madre con depresión postparto?

Cristina Silvente: Una depresión postparto es un síndrome grave, no es simplemente estar triste y debería ser tratado por un profesional experto en el campo (no el médico de cabecera, por ejemplo).

Independientemente de esto, evidentemente, el apoyo social es importantísimo. Que la madre pueda hablar de sus dificultades, que se la acompañe sin juzgarla, que participe de actividades junto a los bebés (por ejemplo, cursos de masaje infantil), que se le demuestre lo mucho que sabe cuidar a su bebé.

Bebés Alta Demanda

Más información: Curación Emocional de David Servan-Schreiber; http://www.cristinasilvente.com

Desde www.bebesdealtademanda.com

Reproducción autorizada por Cristina Silvente para este blog.

Copyright © 2008 por Cristina Silvente. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta entrevista puede ser reproducida o transmitida en ningún formato ni en ningún medio, ya sea electrónico o mecánico (incluyendo la copia a otros sitios web y las traducciones), sin el permiso de Cristina Silvente.

  • Lectura recomendada:

LO QUE HACEN LAS MADRES 

(Sobre todo cuando parece que no hacen nada)

Naomi Stadlen, Ed. Urano

Os copio a continuación el texto íntegro de  "la declaración sobre el llanto de los bebés", un texto que hace unos años redactaron y firmaron un grupo de expertos (psicólogos, matronas, pediatras, profesres, etc), alarmados ante la falta de sensibilidad al llanto infantil que tenemos en nuestra sociedad, donde explican por qué no debe dejarse llorar al bebé:

Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:

Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.

El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra "El Concepto del Continuum", el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.

La verdad es obvia, sencilla y evidente.

El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.

Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.

Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.

Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.

En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.

Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.

A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.

También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).

Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro "Duérmete Niño" (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.

Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión. (Michel Odent)

Para más información, te recomendamos los siguientes libros:

  • Nuestros hijos y nosotros, M.F. Small, Ed. VergaraVitae (Buenos Aires)
  • Bésame mucho, Carlos González, Ed. Temas de Hoy
  • El Concepto del continuum (En busca del bienestar perdido), Jean Liedloff, Ed. Obstare
  • El bebé es un mamífero, Michel Odent, Ed. Mandala

Desde www.crianzanatural.com

 

Me parece un texto estupendo, que además se ha distribuido en numerosos centros educactivos y sanitarios, pero quizá también comparto algo la perspectiva de la Asociación PRIMAL, donde indican que SI es normal que los bebés lloren, pero que no se les debe dejar llorar solos. Entiendo que no será lo más habitual que llore un bebé que tiene cubiertas todas sus necesidades... pero si por ejemplo, un bebe sufre de un cólico (que aunque en menor medida, con la lactancia materna también sucede), pues llorará. Y si nosotros pensamos que no es normal que llore, creeremos que estamos haciendo algo mal. Sin embargo, si aceptamos que el bebe puede tener algun motivo para llorar y nosotros lo acunamos para que no se sienta solo, lo dejamos que se exprese, que manifieste su dolor del único modo que sabe, y ademas le ofrecemos nuestro cariño y apoyo para que ademas, no se sienta solo y sepa que estamos ahí. Tambien indican en Primal que el texto anterior incita a "acallar" al bebe como sea, partiendo de la premisa de que "no es normal que llore", y lo cierto es que yo no he percibido algo así en ésta Declaración.

Sea como sea, os invito a leer sus motivos para no apoyar esta Declaración, para que cada uno pueda juzgar según su criterio.

Tienen también un librito sobre la temprana infancia que vale la pena echar un vistazo.

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