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Categoría: RELATOS

25, mar

Bonita historia de relactación

porunpartorespetado En: RELATOS LACTANCIA

Desde EL BLOG DE SINA

Elena y Gael. Una prueba más de que la Lactancia Materna siempre es posible.

elenarelacta.jpg

 

Elena ingresó en la Fe embarazada de 31 semanas, muy enferma. Tuvieron que hacer una cesárea de urgencia. Gael pasó a la sección de prematuros de la Fe y ella entró en coma. Recibió un medicamento para "cortar la leche". El primer contacto entre los dos tardó más de 2 semanas. Cualquiera lo hubiera dado todo por perdido.

Pero, dos meses después, Gael se alimentaba sólo del pecho de su feliz madre. ¿Increíble? Una prueba más de lo único que hace falta para dar el pecho: información, apoyo y voluntad. A veces, mucha voluntad, ¿verdad Elena?

Ella misma nos cuenta su historia...

 

 

 

 

La intención de este relato es ayudar con experiencia a otras madres que tengan miedo, que no encuentren fuerzas. Muchos me han recomendado olvidar, pero las cosas de la VIDA, de la MUERTE, no se pueden y no se deben olvidar, ya que en ellas están encerrados muchos secretos que se nos quieren desvelar.

 

Para GAEL, UNA HISTORIA DE LA VIDA

 

Te miras en mis pupilas,

ríes,

te ríes con mi sonrisa.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA ...

Lloras mis lágrimas y gritas mis heridas.

respiras,

respiras y siento tu aliento dulce en mi mejilla.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA ...

Danzas cuando mis manos te adivinan

brillas,

brillas y mi cuerpo se ilumina.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA ...

Bebes de mi leche, de mi luz, de mi alegría,

bebes,

oigo la música de tu sangre que me da la VIDA

Me has elegido para cuidarte,

para enseñarme,

nuestras luces se han quedado,

se han buscado,

para fundirse, para mezclarse.

Ya no sé mucho más sobre la VIDA ...

Te has ganado tu alma, tu vida ...

...y las mías

llegaste con una fuerza grande,

olvidaste el MIEDO para LIBERARTE

Si supiera algo más... 

 

Me sentía feliz en mi segundo embarazo, esperando con alegría a que llegara el nacimiento, imaginando un parto no menos fácil que el primero, no menos perfecto. Pero mi camino no iba hacia ese fin y a las 31 semanas de embarazo empecé a encontrarme mal, solo en cuestión de horas estaba ingresada en el Hospital La Fe de Valencia. Cuando vi alejarse en el coche a mi hija de dos años sentí que quizá no volvería a verla más. Tenía miedo.

LA NADA EN REANIMACIÓN

Recuerdo poco más hasta que me desperté, después de varios días, sola, sin hambre, sin frío, sin sed, sin ropa, sin NADA. Me rodeaban equipos y monitores llenos de luces, 7 u 8 goteros, una mascarilla... Miré mi barriga y no lograba recordar si había estado embarazada o no. Mi cuerpo no parecía el mío, no sentía ningún dolor, no podía moverme. Me creí muerta, ¿qué otra cosa podía ser si no comía, si no bebía, si no me movía, si no sentía? Esperé a fundirme con el universo, no tenía miedo, pero pasaban las horas y no ocurría NADA, seguía sola, sin saber NADA. Fueron los días más largos de mi vida, más aterradores, más confusos, los momentos de lucidez se mezclaban con los de auténtica locura, no sentía NADA, y nunca, nunca sucedía NADA. Mi único quehacer era mirar una foto de mi hija Carla y otra de un bebe que decían que era mío. Mi única ilusión, que se volviera a abrir la ventana por la que veía a mis padres, que volviera a entrar mi marido a cogerme la mano. Con gran determinación, de cuando en cuando, me quitaba la mascarilla, el saturador e intentaba marcharme para cuidar a mi hija, pero no podía moverme... Mis "carceleros" me volvían a "encadenar" y me explicaban con una paciencia, que hoy comprendo infinita, la fragilidad de mi salud. No entendía NADA.

LA LACTANCIA TAN SOÑADA

Un día, no sé si nublado, no sé a que hora, me dieron unas pastillas para inhibir la producción de leche. Primero me negué a tomarlas, si era verdad que tenía un bebé ¿cómo podría cuidarlo sin leche? Tras explicarme la gravedad de mi estado me las tomé y me vendaron el pecho, las lágrimas más espesas que había tenido en mi vida mojaron mi cara y mi cuello hasta la almohada, era verdad, ¡había tenido un hijo! Entonces..., me quitaban el regalo más precioso que podía darle, pero ¡lo recuperaría! No me cabía ninguna duda.

Un día me trajeron un bebé perfecto y tremendamente chiquitín envuelto en una toalla, Gael. Lo cogí. No sentí que fuese mío, no podía ser de otra forma, ni mi cuerpo ni mi mente parecían tampoco ser míos. Cuando se alejó en brazos de una enfermera una fuerza arrebatadora nació de pronto de mi interior y me llenó de una sola idea: recuperar mi mente, recuperar mi cuerpo, sólo eso me permitiría salir de allí y hacerme cargo de ese débil y fuerte bebé que me necesitaba. Me perturbaba la idea de no sentir ese apego tan intenso que se supone sentimos todas las madres hacía nuestros bebés, ¡eso también lo recuperaría! Busqué en mis recuerdos lo que sentí en mi primer parto, al abrazar y amamantar a mi primera hija y con ellos construí mi vínculo, que aún no podía sentir, con Gael. SOÑANDO, imaginando el amor perfecto hacía mi hijo pude saber que tenía que hacer exactamente.

Empecé a mejorar, mis riñones se recuperaban milagrosamente, mis pulmones empezaban a llenarse con energía, podía comer, podía beber, podía moverme, podía sonreir. Los últimos días de mi estancia en reanimación SOÑABA con recuperarme y volver a casa para poder continuar con mi vida. El cariño que me daba mi familia y el personal sanitario me hacía sentirme optimista y con fuerzas para salir de allí. Cuando me pasaron a planta pude bajar a darle los biberones a Gael. Fueron unos días mezclados de alegría y tristeza. Alegría al saber que Gael había tomado leche materna todo el tiempo, de un banco de leche primero y de unas amigas después. Alegría por saber que su papá le había dado tanto amor sacándole de la incubadora para darle casi todos los biberones del día y colocándolo sobre su pecho, piel con piel, varias veces al día desde que nació. Tristeza porque apenas tenía fuerza para sostenerle unos minutos. Tristeza porque me sentía inútil, cualquiera parecía cuidarle mejor que yo. Los médicos no me animaban a dar el pecho, unos porque después de las pastillas creían que no podría, otros porque creían que no debía, que tenía que recuperarme. Veía la cara de entre incertidumbre y lástima con la que me miraban. Yo callaba, sabía que podría. La pediatra de Gael me animó muchísimo y me dijo "las pastillas para inhibir la producción de leche son muy efectivas pero no hay nada que pueda con la voluntad de una madre" ¡Tenía tanta razón!, entonces supe que tendría una ayuda y un apoyo inestimable. Mi formación como asesora de lactancia me permitía conocer la teoría, cómo se podía relactar, pero la práctica era otra cosa. Sabía que mi único enemigo, como para todo en la vida, era el miedo, y mi fuerza, la firme determinación de que íbamos a recuperar lo perdido. Siempre conseguimos lo que queremos, sea lo que sea, solo hay que SOÑAR con ello, SOÑAR de día y de noche hasta que se ilumine ese SUEÑO.

 EL TIEMPO EN CASA.

Al llegar a casa sentí que no había TIEMPO que perder. Probé con un sacaleches, nada, ni gota, ni ese día ni el siguiente, ni los días posteriores. Gael llegó a casa veinte días después de nacer y, nerviosa y expectante, lo puse al pecho. Se cogía con fuerza, solo hacía falta conseguir que fluyera la leche. Seguí estimulándome con el sacaleches 4 ó 5 veces al día: primero comenzó a salir una leche espesa y anaranjada, seguramente la que se había producido antes de tomarme las pastillas que se había quedado almacenada. Mientras, Gael se alimentaba en biberón de sus mamás de leche. A los pocos días construimos un relactador con un biberón y una sonda nasogástrica. Así conseguía tomarse media toma, la mejor de las veces, la otra media con el biberón. Era más complicado de lo que parecía. La sonda le daba arcadas si no estaba bien puesta, o no le salía leche, o le salía demasiada. Costaba casi una hora darle 40 ó 50 ml. A veces parecía que no avanzábamos, o incluso que íbamos hacia atrás. Un día no chupaba del relactador, otro no se cogía bien, y las tomas eran eternas. Su papá siempre me mostraba el lado positivo y yo dejaba que me lo enseñara. Cerraba los ojos y nos imaginaba tumbados, tranquilos, yo amamantándole feliz, él casi dormido, moviendo su mandíbula lentamente, a ratos. Soñaba con el calor entre su barriga y la mía...

Los días pasaban y supe convertir el cariño y atención de los que me rodeaban en descanso y esfuerzos para lactar. El TIEMPO se pasaba entre las largas tomas de Gael, la estimulación con el sacaleches y el resto de cuidados; no hacía nada más en todo el día y era mucho, todavía estaba muy débil.

 LA LECHE FLUYE BLANCA POR FIN

Hay cosas que no se aprenden en un libro (...)

Felizmente, aquí hay un maestro.

Como siempre.

Todo está siempre "aquí". Al alcance de la mano. Si se sabe verlo.

Ese maestro -una vez más- es el bebé.

Es él quien va a enseñarle, a instruirla.

Con la única condición de que usted sea modesta.

Y suficientemente simple, suficientemente abierta para seguirlo.

(Frédérick Leboyer)

 

Algo más de un mes después de su nacimiento un hilito fino de leche blanca desliza del sacaleches al biberón. Fue suficiente para avivar nuestra ilusión. ¡Era tan poca! Pero aún así la poníamos en el relactador. Cada día había un poquito más, y según crecía la cantidad crecía mi apego al bebé. Quería tenerlo tan cerca de mí como fuera posible. Un par de semanas después comenzamos a pensar en dejar el relactador, pero Gael aún era tan pequeño..., ¿tendría bastante alimento? Dudábamos. Fuimos a hablar con la pediatra que lo cuidó al nacer. Nos miró y con la sublime seguridad de los que no tienen miedo, nos dijo que lo habíamos conseguido. Me sentí más ligera, más radiante, más libre.

 Al llegar a casa guardamos todos los biberones, las sondas y lo puse al pecho. El cambio fue espectacular, en mí y en el bebe. Él, más activo, por fin lloraba para llamarme, más feliz, y empezó a engordar espectacularmente. Yo, con más fuerza, y ya irreversiblemente vinculada a él. Ahora sí sabía cuidarle, sí sabía amarle. Ese camino de esfuerzo, de dolor, de emociones, de ilusión que es el parto te une para siempre con tu bebé, para que lo puedas querer y cuidar. Cada contracción te permite perder la razón y hacer aflorar el instinto, la pasión. Para nosotros todo eso fue la lactancia que no se nos dio sino que tuvimos que recorrer un largo camino para conseguirla.

Nos queda el reto de aprender tantas cosas, de crecer, de iluminar por todo lo que hemos recibido. El reto de vivir con pasión cada instante.

 

No hubiéramos podido sin las mamás de la leche regalada, gracias. 

No hubiéramos podido sin la iaia que se ocupó de la casa, gracias. 

No hubiéramos podido sin los amigos que nos dieron ánimos, gracias. 

No hubiéramos podido sin la pediatra que nos quitó el miedo, gracias. 

No hubiéramos podido sin la alegría de su hermana que hace imposible no sonreír, gracias. 

No hubiéramos podido sin el papá que nos dio amor, cariño, y nos sostuvo cuando los ánimos faltaban, gracias. 

Gracias a Gael, la primera vez que nos vimos me dio a beber su intensa luz e hizo que sanara.

Aunque sea largo de contar, quiero compartir mi experiencia hospitalaria como madre, con la esperanza de que mi relato sirva para que los padres y madres reclamen sus derechos y sobretodo, para que el personal sanitario se cuestione sus procedimientos. Este relato no es un ataque a nadie, creo firmemente que existe un silencio perjudicial por parte de los pacientes, que impide un sano feed-back comunicativo mediante el cual, los profesionales pueden aprender cómo son vividas sus prácticas y mejorar. Mi intención es romper el silencio.

EPISODIO 1

Mi hija tiene 10 meses y vomita sin parar. Acudimos al hospital de Avilés donde la ingresan. Subo a la habitación con la niña, estoy sola, viene una enfermera y me la quita de los brazos: “A llorar un poco”, dice, y se va, dejándome allí paralizada, dolida, sin saber qué hacer. Llega mi marido enseguida y me pregunta por la niña, “Se la han llevado para el análisis de sangre” y se lo cuento todo. Mi marido se enfada, quiere acompañar a la niña, y va hasta la sala contigua donde se oye a mi hija llorar, le echan argumentando que “aquí no pueden entrar los padres” y cierran la puerta con cerrojo. No podemos hacer nada. Es nuestra primera estancia en el hospital como padres y no podemos creer que esté pasando algo así. Durante más de 10 eternos minutos podemos oír a nuestra hija llorar como nunca, desconsolada, sola, enferma, al otro lado de la puerta cerrada, sufre y no podemos darle la mano, ni acompañarla, ni consolarla. Por fin acaba la tortura, la puerta se abre, dos enfermeras traen a mi hija desnuda, con una férula y una vía en el brazo, nunca la había visto tan desconsolada, me acerco para abrazarla con el corazón encogido, la enfermera me esquiva y tumba a la niña en la cuna, “que se esté quieta”. Mi marido dolido les pregunta qué ha pasado, porqué han tardado tanto, “tardamos lo que tenemos que tardar señor”. Levanto a mi bebé y la abrazo, “vístala”, “¿Cómo le pongo el body con esto en el brazo? ¿No podían habérselo dejado puesto?” No hay respuesta, sólo indiferencia. Podemos ver que tiene 4 o 5 heridas de aguja moradas, ya sabemos porqué tardaron tanto. Durante una hora consolamos a nuestra hija que suspira sin parar y conseguimos que se duerma, por fin. Justo entonces entra otra enfermera, enciende la luz y dice a gritos “¿Está dormida?” “Lo estaba” dice mi marido furioso. Entonces comprendo que estoy en el infierno, que tengo a mi bebé atada a la cuna del infierno, y que la pesadilla sólo acaba de empezar. Las siguientes 24 horas las cosas sólo empeoran y empeoran, hasta que, desesperados, pedimos el alta voluntaria, tuvimos que esperar 5 horas más en el infierno hasta que un médico se digna a firmar los papeles que “nos permitan” salir de allí. He aprendido algo, si mi hija se pone enferma y necesita estar hospitalizada, pierdo su custodia, mis derechos y mi libertad.

EPISODIO 2

Enero de 2008 (dos años de edad), mi hija se queja de dolor abdominal, tiene mucha fiebre, parece apendicitis, creo que lo es pero no quiero creerlo, en el centro de salud la exploran y nos envían al hospital de Avilés. Llegamos, tiene mucha fiebre y mucho dolor, la explora uno, otro, otro más, todos hacen las mismas preguntas, todos vuelven a mirar innecesariamente todas las partes del cuerpo a mi hija que indefensa se tapa los oídos y la boca cuando entra el siguiente en la escala jerárquica. Le hacen una analítica, quieren que salgamos y, ahora sí, me niego rotundamente, no hay discusión. Cuando creemos que por fin la han mirado suficientes personas, la última nos dice, “no sabemos, voy a llamar al pediatra” Pienso “¿cómo es posible que no la haya visto aún un pediatra? ¿Quiénes son todas estas personas?” Vuelve sola, “dice el pediatra que será una gastroenteritis” Nos vamos a casa. Por el camino pienso indignada qué le ocurre a nuestro sistema sanitario para que no podamos ser atendidos por un pediatra al llegar a urgencias de un hospital.

EPISODIO 3

La niña sigue igual varios días, no vomita, sólo fiebre y dolor. La pediatra nos envía de nuevo al hospital. Esperamos durante 3 horas en la sala de espera. Volvemos a empezar con el desfile de batas, preguntas y exploraciones repetidas. Piden otra analítica, discutimos de nuevo para poder acompañarla. La chica no tiene experiencia, lo veo antes de empezar y cruzo los dedos, no me acompaña la suerte, sufrimos juntas 6 pinchazos, varias venas rotas, quiero llorar pero tengo que ser fuerte para mi hija, quiero decirle a esa chica que tenga la honradez y la humildad de pedir ayuda a alguien con experiencia pero me muerdo la lengua suplicando que aquello acabe lo antes posible. Al final, sólo unas gotas que se coagulan, no tenemos resultados. Vamos a hacer una ecografía. Hay una mujer y una chica de prácticas, mi hija está histérica y desconsolada después de la sangría anterior pero no parece que eso les afecte a la hora de dar su clase, en total 30 minutos en los que la mujer le enseña a su pupila todos y cada uno de los órganos de mi hija, que llora sin parar, me voy quedando sin palabras y sin fuerzas de consuelo para ella. Al final, “no han podido ver el apéndice”, así que no sabemos nada. Llaman a cirugía, la cirujana explora a mi hija de nuevo, no sabe, no tiene pruebas, “mejor le ponemos una vía para que no se deshidrate y la dejamos aquí para repetir las pruebas mañana”. No puedo creer lo que oigo, llevo una semana sin dormir, de consulta en consulta con mi hija encogida de dolor y de fiebre, no son capaces de darme un diagnóstico y sólo se les ocurre que pasemos la noche en vela, que vuelvan a pinchar y escayolar a mi hija para ponerle un suero que no necesita (¡pero si no tiene diarrea!) y así poder repetir unas pruebas que no han sido capaces de hacer bien a la primera; sólo puedo pensar en huir de aquel infierno, otra vez no. Digo con toda la serenidad y educación de que soy capaz “Nos vamos a casa, la observaremos allí y si empeora ya volvemos”, me mira con incredulidad y desaprobación pero no discute, dice “en ese caso mejor van directamente al hospital de Oviedo porque aquí no hay cirugía infantil” Tenemos claro que no vamos a volver nunca a ese hospital. Afortunadamente al día siguiente desaparecen el dolor y la fiebre, mejora cada día, todo queda en un susto, tardan más en curar las heridas emocionales. Para curar el cuerpo en nuestro sistema sanitario tienen que herirte en el alma.

EPISODIO 4

Febrero de 2008, los mismos síntomas, todo se repite como en una pesadilla, exactamente a las mismas horas y justo un mes después revivimos con angustia e impotencia la extraña “gastroenteritis” y estamos en Londres. Decidimos confiar en que tenga la misma evolución que la vez anterior y mantenemos la calma, afortunadamente es así, todo se repite con exactitud y cada día está un poco mejor, llegamos a España y nuestra pediatra nos dice que será mejor hacerle un estudio digestivo, pedirá cita para el especialista. A la mañana siguiente 40,7 ºC, vamos al hospital de Oviedo.
Llegamos, repetimos por 3ª vez en un mes y aquí la lista jerárquica es más larga. Con paciencia, cuento toda la historia médica de mi hija a más de 15 personas que van llegando y se van sin decir nada, siempre las mismas exploraciones, siempre las mismas preguntas ¿no podrían llamar de una vez al especialista adecuado? Entre medias otra analítica, también la 3ª en un mes y volvemos a empezar con “usted salga” “no, lo siento, yo me quedo para acompañar a mi hija” Otra vez las malas caras y discusiones por hacer algo tan bonito e importante como consolar a tu hijo mientras tiene que someterse a una prueba, no lo comprendo, ¿por qué aumentar la tensión y la angustia de los pacientes? No hay forma de sacarle sangre, voy contando los intentos, ya van 9, aguanto porque sé que es importante pero no lo logran. Después de un tiempo viene un enfermero, hay que volverlo a intentar, esta vez sí, se enfrenta a mi con dureza para que salga, afirma sin reparos que “los padres molestan” y tengo que ponerme firme y decirle “yo no me voy, voy a acompañar a mi hija y si usted no quiere pincharla delante de mi entonces no la pinche”, al final cede y lo logra a la primera, menos mal, a pesar de que no me dirige la palabra, le estoy agradecida. Me relajo pensando que no ha sido así, que ha entrado, se ha presentado y ha dirigido a la niña unas palabras y una sonrisa, me ha explicado con respeto y comprensión de nuestro cansancio y nuestro dolor que necesita volver a pincharla y que lo mejor es que yo le hable despacito para que no se ponga nerviosa, todo ha sido tranquilo y lo menos desagradable posible, ¿habrá algún sitio donde las cosas sean así?
Viene una chica joven de cirugía, un remanso de paz en el infierno, se presenta, se sienta, me sonríe, “vuelva a empezar como si fuese la primera vez”, explora a la niña con dulzura, me gustaría decirle lo mucho que le agradezco que nos trate bien. Después de una larga eco, vamos a hacer un TAC. Nos explican que no podré acompañarla porque hay radiación y que si no se está completamente quieta tendrán que sedarla. Por el camino mi hija se agarra a mi mano como si le fuera la vida en ello, le voy explicando lo que va a ocurrir para que no se asuste. Al llegar nos acompaña la suerte, alguien dice “usted parece muy importante para su hija, le vamos a poner un mandil y se queda a su lado” Me quedo pensando “¿acaso hay madres que no son importantes para sus hijos?” Cojo a mi hija de las manos y le canto “al sillón de la reina” muy bajito mientras la camilla va y viene. No mueve ni un pelo. Cuando acaba me dicen “un 10 para la mamá”, y yo pienso que sólo hago mi trabajo, que eso es lo que debo hacer y que todas las madres deberían tener mi suerte y ser animadas a calmar y acompañar a sus hijos en todo momento. Desgraciadamente, la siguiente madre que entra no tiene la misma suerte que yo, deciden que ella no es importante para su hijo, el niño llora y ella dice que tiene problemas de corazón, que no debe llorar, no piden a la madre que corra a consolarle, no escuchan, le sedan, se equivocan y el niño muere. Yo estoy allí fuera, no puedo evitar el pánico, me acaba de tocar la lotería. Los días siguientes todo el mundo habla del tema, señalan a la anestesista y yo siento pena por ella, porque a pesar de haberse equivocado gravemente, creo que es una víctima más de nuestro sistema sanitario, quizá no habría tenido ninguna posibilidad de equivocarse si el personal en su conjunto, o alguien con un poco de cordura, le hubiesen dicho a esa madre y a todas las madres “usted quédese con su hijo”.

EPISODIO 5

Quedamos ingresados. Sabemos que será muy duro, mi marido aún piensa en irse a casa pero esta vez es grave, esta vez no nos queda más remedio que vivir en el infierno, y no sabemos cuánto tiempo.
En planta encontramos personas amables y flexibles pero también otras rígidas, desagradables e indiferentes a la especial situación que es un bebé o un niño enfermo. Durante la noche apenas descansamos, entran varias veces cuando ya es noche cerrada y los niños duermen, encienden la luz, hablan en voz alta y preguntan cosas que podrían esperar a luz del día. La primera noche se da un diálogo absurdo que se repite a las 12 y a las 6 de la mañana. “¿Cuánta agua bebió?” “No puede beber ni comer” “¿Cuántas veces hizo pis?” “Lleva pañal, no lo sé” “Cuantas veces le cambió el pañal” “Ninguna, está durmiendo” Mientras tanto, la niña, enferma, dolorida, cansada y despertada por enésima vez, llora sin parar y cuando se van, siempre dando un portazo, tengo que volverla a dormir, pero resulta que no puedo cogerla en brazos, porque tiene una vía, ni tampoco puedo tumbarme con ella, porque me han dicho explícitamente que está prohibido. Todo resulta extremadamente difícil, parece que estuviésemos pagando una culpa por usar un servicio público, su actitud es como si dijese “Usted se lo ha buscado, ahora se aguanta, le vamos a hacer la vida imposible”. Las siguientes noches, por supuesto, aprendo a contestar como la madre que está a mi lado y que lleva más tiempo que yo “No, no, sí, dos veces” Lo que sea para que se vayan rápido.
Hay una enfermera callada y respetuosa, es amable con la niña. Por las noches no enciende la luz, lleva una linterna, habla en voz baja, hace muy bien su trabajo, siempre deseo verla aparecer.
Una noche a las 12 aparecieron 6 enfermeras en la habitación, mientras 1 revisaba a los niños, las otras 5 se reían en el centro de la habitación, hablando en voz altísima de sus cosas. “Por favor, ¿pueden hablar bajo? Los niños están durmiendo. Son las 12” “Estamos haciendo la ronda, señora” Y se quedaron allí, riendo, mientras yo me preguntaba qué significado tendrá “hacer la ronda” de esa forma.
Por la mañana, a las 7, sin excepción, despiertan a los niños. Entran, encienden la luz, suben las persianas, dejan la puerta abierta, no saludan, no dicen nada, traen toallas para que bañes al niño inmediatamente porque pronto vendrán a cambiar las sábanas y no quieren que interrumpas sus rutinas. Una mañana, la supervisora entra, enciende la luz y comienza a reñirme por tener bolsas en el suelo. “Esto no puede estar así, tiene que venir la limpiadora y encontrarlo todo recogido” Las 3 bolsas están ordenadas, junto al pequeño armario, no molestan. Llevo 4 días viviendo con mi hija en un espacio de 4 metros cuadrados y más de 10 días sin dormir, pero antes que eso, antes que sonreír a una madre agotada y respetar el sueño de una niña enferma, por encima de todo, están las rutinas y el orden. Debería comprenderlo, pero no puedo.
Otra mañana, digo que voy a bañar a la niña por la tarde con ayuda de su padre. La tarde anterior le han quitado la vía y tengo la ilusión de poder bañarla, por fin, en la bañera. La supervisora llega de nuevo y me exige que la bañe en ese mismo momento, la niña aún duerme. Le explico, trato de ser amable pese a todo, afirma que son las normas del hospital, que estoy interfiriendo en su trabajo y que los niños tienen que estar limpios para el médico. Desesperada, le planto cara a semejante lista de argumentos sin razón, y tengo que terminar defendiéndome con la niña en brazos. Paso la mañana llorando, sin entender las supuestas normas, ni la necesidad de que nos traten con desconsideración, ni el hecho de que el bienestar del personal sanitario esté por encima del bienestar de mi hija.
La interminable lista de pruebas que le hacen son todas sin explicación, sin información, sin preguntar. Llegan de pronto, a cualquier hora, de parte de algún especialista y le hacen pruebas ¿Dónde queda el consentimiento informado? ¿La decisión responsable del paciente? ¿La oferta de alternativas?
Cada día viene un médico distinto, el que toca. No se limitan a preguntar y ver el estado de la niña, sino que cada uno da un diagnóstico distinto, y sugiere un tratamiento distinto, nos sentimos perdidos y confusos. Finalmente, un día llega uno de los médicos con actitud dictadora y prepotente y trata de cambiar el tratamiento prescrito por el cirujano que lleva el caso de mi hija. Me doy cuenta de que estamos en medio de una lucha de poderes, desconfío totalmente de este señor y exijo que sea nuestro médico el que tome esa decisión. La situación es altamente estresante, sólo sueño con huir de allí. Tengo que decir que hemos tenido mucha suerte con el médico que nos tocó. A diferencia del resto, parece preocupado, involucrado y tiene en cuenta todos los aspectos. Es un gran profesional que nos trata con respeto, es prudente a la hora de someter a la niña a pruebas o intervenciones dolorosas, y además se muestra actualizado en sus conocimientos, con la humildad suficiente para decir que lo que no sabe lo va a consultar. Su presencia ha sido un salvavidas en todo momento y le estaremos eternamente agradecidos.

EPISODIO 6

Acudimos a consulta para evaluar la posible necesidad de operar a la niña. El cirujano está en quirófano y esperamos en el área de urgencias. Nos llaman, pero conforme a “las normas” sólo puedo pasar yo con la niña. Repentinamente me dicen que desvista a la niña para el preoperatorio, allí está el cirujano que se enfrentó a mi mientras estábamos ingresadas. No puedo pensar con claridad, ¿será orden de mi médico? ¿será otra actuación “por su cuenta”? ¿una nueva lucha de poderes? El médico ni siquiera me mira, no se presenta, no explica nada. Me hace cubrir unos datos y firmar un papel pero no sé muy bien para qué. Le pregunto y me contesta “ya la llamarán”.
El electro se pone complicado, la niña no se lo esperaba y se pone muy nerviosa. Me pide hacer pis continuamente pero no puedo llevarla porque está con los cables, le acabo de quitar el pañal y me temo que se hará pis. No salen los gráficos porque llora, me hacen salir de la habitación. Desde fuera oigo como la amenazan “si lloras tu madre no vuelve”, se calla y por fin se abre la puerta, “Está claro, es mejor sin los padres, comprobado” dice con desprecio la enfermera. No contesto, voy corriendo para llevarla al baño. “¿Dónde va? Espere que le vamos a hacer una analítica” “Voy a llevarla un momento a hacer pis” “No, no” Me corta el paso. “Necesita hacer pis, se lo va a hacer encima” “Tonterías, todos los niños dicen que se mean cuando están nerviosos” No me puedo creer que tenga que discutir por algo así. Tengo que esquivar a la enfermera y salir con la niña en su contra. “¿De verdad hizo pis?” “Por supuesto”.
Para la analítica entran dos chicas muy jovencitas, después de tantos análisis ya adivino que no será fácil pero cruzo los dedos, tal vez haya suerte. Escarban en un brazo, luego en el otro, me desespero y pido que paren. “Quiero que venga alguien de planta o una enfermera con experiencia en bebés, por favor” Me miran incrédulas. Les digo que lo siento mucho pero que después de tanto sufrimiento de mi hija sólo quiero alguien que pueda acertar a la primera. Se van y vuelven más de 10 personas. Un ejército de batas que me arrincona y se cruza de brazos. “Qué pasa con usted. ¿Por qué no quiere que pinchen a la niña?” Vuelvo a explicarme con toda la tranquilidad y educación que puedo sacar de dentro, esperando que lo comprendan. Después de una larga discusión intimidatoria zanjan la cuestión con que “la pinchará quien la tenga que pinchar y usted no tiene nada que decir”. La chica del principio no quiere repetir, me hace sentir como una persona horrible que la ha traumatizado y le pido disculpas de nuevo. Otra enfermera lo intenta, por trigésima vez en la corta vida de mi hija aprieto los dientes y me encomiendo a la suerte. No hay forma. Ya han pinchado por todas partes. Se van y vuelve la enfermera del principio, la del electro y la discusión por hacer pis. Me dice de forma desagradable y autoritaria que salga. “No va a salir, ya verás”, oigo decirse unos a otros. No me puedo creer el maltrato que estoy recibiendo. Digo que no, que quiero acompañar a mi hija, que no se preocupe, que no voy a molestar, que sólo quiero estar a su lado para que esté tranquila… “Tiene que salir, son las normas del hospital” “Conozco las normas y no es cierto, al contrario, la Ley de Autonomía del Paciente y la Carta Europea de Derechos del Niño Hospitalizado dicen que mi hija tiene derecho a estar acompañada en todo momento. Serán sus normas particulares, pero no son las del hospital” “Sí son las normas, y yo delante de usted no la pincho” “Pues no la pinche, nos vamos, y dígame su nombre que voy a poner una queja” No me dice el nombre, no sé quien es esta señora ni ninguno de los allí presentes, nadie se identifica. Dice que va a llamar a un superior. Vuelve a llenarse la habitación de batas curiosas. Parece que es la novedad que una madre reclame sus derechos. Llega la chica joven de cirugía que nos atendió en otra ocasión. Se presenta, se identifica, se sienta en la camilla y me explica que quieren hacerle una intervención complicada, que es pincharle la yugular y que esta enfermera no quiere que yo esté presente. Me pregunta si estoy dispuesta a salir. Su actitud es notablemente distinta. Le digo a la enfermera que por qué no me lo ha explicado ella así desde el principio “Será que no me entendió, sí que se lo dije.” Vista la situación, decido salir. No me dejan quedarme fuera y me escoltan hasta la sala de espera. Rompo a llorar y es mi marido quien tiene que ir a buscar a la niña.
Todo el día lo paso pensando en nuestro sistema sanitario. He sido educada, correcta, me he mantenido tranquila, he explicado con paciencia cada petición, he llevado la ley de mi mano… y me han respondido con frialdad, maltrato, intimidación, desprecio, gritos y amenazas. Me siento absolutamente decepcionada e indefensa.
Por la noche, antes de dormir, mi hija me dice: “mamá, cuando no estabas, me taparon la boca con la mano para que no llorara” No puedo explicar lo que siento con palabras. Abrazo a mi hija. “Lo siento mucho cariño. No debieron hacer eso, eso está mal. Nunca más te voy a dejar sola. Nunca más.”

Por Ana Calso, madre y profesora.

25, may

¿Quieres contar tu parto o cesárea?

porunpartorespetado En: RELATOS

Enviamelo en word a la dirección porunpartorespetado@hotmail.com y lo colgaré en la sección "relatos".

Gracias !

La noche del domingo 29/Oct. mamá tuvo 4 horas de contracciones, unas dolorosas y otras no, cada 15 minutos aprox. que la alarmaron un poquito, pero justo cuando se decidió a avisar a papá y se dio una ducha, desaparecieron.

El viernes 03/Nov. se pasó todo el dia con contracciones más o menos regulares cada 10-15 minutos, además el flujo cambió a ser rosado, pero como eran contracciones muy flojitas no estaba segura de que no fuesen a desaparecer igual que las de la semana anterior, así que llamó a Inma, la comadrona que te volteó unas semanas antes y le explicó la situación. Inma nos recomendó que nos fuésemos para Acuario al dia siguiente por la mañana, pero a mami no le hacía mucha gracia la idea de ir para allí para tener otra falsa alarma... así que transcurrió el dia y nos fuimos a la cama. Antes dejamos las maletas y casi todo metido en el coche por si acaso. Todo estaba preparado dentro, las velas aromáticas para la dilatación, la música relajante seleccionada en un cd y hasta había comprado una pequeña radio para la ocasión...

A las 6 de la mañana un dolor despertó a mamá. Se dio la vuelta y siguió durmiendo. A las 06:12 se repitió. De nuevo a las 06:22, 06:32, 06:42... Mami se levantó de la cama, aquellas si eran contracciones de verdad aunque se podian llevar perfectamente. Ya no tenia dudas, venías en camino, mi princesa. A las 7 desperté a papi y le dije que se levantase. Desayunamos tranquilamente, recogimos el piso, puse una lavadora y la tendí, despertamos a la yaya, llamé a la clínica para decirles que íbamos para alli y a las 11 por fin salimos hacia Acuario, Alicante. Llovió todo el camino, la autopista es malísima. Las contracciones eran regulares cada 10 minutos, intensas y cada vez que me venía una a papi le afectaba en el pie, que le pesaba más y pisaba el acelerador, pero fue un viaje tranquilo.

Llegamos a Acuario a las 14h, nos hicieron un tacto y nos dijeron que el cuello del útero estaba a 0.5/1cm y que pasaban 2 dedos justos... osea, no habíamos hecho prácticamente nada desde que Inma te volteó y nos hizo un tacto con el mismo resultado! Mientras decidíamos si ingresábamos o nos ibamos al apartamento, nos dispusimos a irnos a comer... pero justo al salir de Acuario una fuerte contracción hizo en mi interior: "FLOP, CLOCK!" y rompí aguas, eran las 14:30h. Ingresábamos. Aun así tenía hambre y quería comer... pero cuando bajamos de nuevo a la calle después de subir las cosas a la habitación mami vio que aquellas contracciones habían cambiado de intesidad y papi le dijo que mejor se quedase en la habitación que ya iba el a buscar la comida. Tardó media hora. Cuando llegó a la habitación mamá estaba completamente ida, drogada por las endorfinas, aunque yo no creía entonces que fuesen las endorfinas, ¡era muy pronto para que ya estuviesen actuando!...más bien pensaba que como no había comido, aquella sensación de "ida" era que estaba muy floja y me mareaba un poco... qué cosas.

Recuerdo que en alguna de las contracciones pensé que no iba a ser capaz de soportar más dolor... que quizá una epidural no era tan mala... me avergoncé de pensarlo, con lo que nos había costado llegar hasta allí... desterré la idea de mi cabeza y me dejé llevar. Las contracciones eran muy fuertes, muy intensas, yo notaba como se me iban los ojos entre una y otra mientras me mecía en la mecedora y la única manera de respirar bien era imaginar que te soplaba a ti, mi reina, para darte aire. Mucho oxígeno para mi pequeña, me aterraba que tu corazoncito sufriera. Papi y el tete comieron, y aunque al principio aun tenía apetito, de repente dejé de tenerlo, no quería nada, sólo agua. Papi me ha dicho que en este punto las contracciones eran cada 2-3 minutos, pero yo no lo recuerdo... estuvimos en la mecedora por unos 3/4 de hora aproximadamante. De repente, ya no estaba bien allí. Me senté en el suelo y metí la cabeza entre las piernas de papá, sentado en frente mío.

Tu tete se portó como un campeón y se salió a jugar a la sala de afuera, viendo la tele y charlando tan pancho con las enfermeras.

Aquella postura no era cómoda, me puse de rodillas y cuando en la siguente contracción me agarré con todas mis fuerzas a la silla, me di cuenta de que estaba empujando... pero solo porque me aliviaba, creía yo. Me puse encima de la cama, de pie en el suelo, pero tampoco estaba cómoda. Pasé allí un par de contracciones y de repente me fui al baño. Cuando me senté, ya había sacado todo el tapón, papi al ver todo aquello recuerdo que dijo "UUUH!", pero cómo se portó...increíble, admirable. Me quitó los pantalones, la ropa interior... no quería nada y fui consciente de que con cada contracción empujaba con todas mis fuerzas, quería hacer de vientre. Papi vino y cuando "se asomó" me dijo "cariño, esto está muy para afuera!, voy a llamar a la comadrona..." Yo le dije que no, creía que eso NO PODIA SER, que seguro que aun me quedaba un montón y no tenía ganas de que nadie me tocase... Pero me toqué yo... y aquello no era como siempre, así que le dije que la llamase.

Cuando vino Carmen se puso nerviosa, nos dijo que cómo no la habíamos llamado antes, que aquello ya estaba, que teníamos que bajar para que me mirase... pidió una silla, ella me tapaba y se empeñaba en que yo me tapase, pero ¡me daba igual! Me era completamente indiferente que me viese medio mundo desnuda de cintura para abajo... mi pudor se había quedado en la habitación. Aquella actitud de Carmen me chocó estando en Acuario, no era normal que se pusiera nerviosa por algo así... ¡como si paría en la habitación! Pero ella iba a Acuario solo puntualmente para hacer guardias, y supongo que ahi estaba la diferencia con el personal "de la casa".

Bajamos al paritorio, y tal y como llegué, me fui derecha al sillón para ponerme sobre el cubo de espuma, a 4 patas... Madre mía, aquella era la postura más humillante que yo creía que se podía adoptar para parir... y allí estaba yo. Carmen me hizo tumbarme para hacerme un tacto y... sorpresa! Dilatación completa, sólo quedaba aquél reborde que poco antes me habían explicado en AC qué diantre era... Eran las 16h aproximadamente. Me apetecía meterme en el agua, pero no me apetecía hablar para pedirlo. Tenía calor.

Con cada contracción gritaba y mordía el cubo, agarrándome al respaldo del sofá-cama con todas mis fuerzas, para dejarme caer rendida cuando se paraba. Carmen me dijo que tenía que ver cómo bajaba tu cabecita cuando empujaba y quería que cambiara de posición, me tumbé. Se estaba bien, pero la contracción era durísima tumbada y después de comprobar cómo bajabas, me dijo que mejor me sentara en la silla de partos. Me senté en la silla con papi detrás, en el sofa-cama. Ya había colocado la cámara con el trípode, estuvo en todo... super atento. Me sujetaba el cuerpo desde atrás y entrelazamos nuestras manos. Qué daño le estaría haciendo cuando empujaba, cómo se las estrujaba, pensaba yo... Hubo una vez que estube a puntito de morderle la mano! Suerte que me di cuenta y me contuve... Maria, la enfermera, me refrescó la cara y me dio agua... Oh, dios, qué sed tenía! Se lo agradecía en el alma, pero no tenía ganas de hablar ni para dar las gracias...

Seguimos empujando y sorprendentemente para mí, con cada contracción gritaba desde lo más profundo de mi alma con un gruñido que no reconocía como propio... Osea, además, era chillona... "el lote completo", recuerdo que pensé... pero ¡me daba igual! Jamás creí que reaccionaría así, la verdad... me había entregado por completo a aquel dolor y el resto del mundo me era indiferente. Alguien entró en el paritorio, papi saludó... me cogieron la mano y me la acariciaron... abrí los ojos, era Enrique. Me gustaba saber que estaba allí. Se puso a mi lado, me habló, recuerdo que con cada contracción me animaba y me decía que lo hacía bien, pero que sacase toda esa "dulce mala leche" por abajo en vez de por arriba (gritando), y me di cuenta, al hacerlo, de que aquello funcionaba... podía hacer más fuerza si no chillaba al apretar y me centraba en empujarte a ti para ayudarte a atravesarme y nacer.

Alguien puso música... era tranquila y relajada, pero horripilante! ¿Y qué había sido de mi cd con música de Enya y una selección de mis más tranquilizadoras melodías? Pues allí, en la habitación estaba también... Escocía, quemaba cuando bajabas. Controlaban tu latido después de cada contracción, y era música celestial escuchar cómo era el caballito al galope de siempre, no padeciste ni un momento, mi campeona!Notaba una presión increíble en todas mis partes bajas sin ser capaz de diferenciar dónde. Enrique me ayudó empujándote un poquito desde arriba de mi vientre a la vez que yo te empujaba con todas mis fuerzas con una contracción... y aquello funcionaba! Le dije que lo hiciera más, pero me dijo que no era necesario, que yo podía hacerlo sola, aunque me ayudó un par de veces más.

En uno de los pujos sollocé, no era llanto, sino sollozo... me sorprendió, nunca lo había hecho. Estaba agotada, quería que salieras, quería cogerte, queria dejar de empujar... era una mezcla de cosas, no sabía bien... Creo que no dije una palabra, pero entonces Enrique me dijo "venga, va... tranquila, deja de empujar que te hago otra cesárea..." ¡¡¡NO!!!¡CESAREA NO!!! -le dije. Mireia, empuja! -me repetí. En ese ir y venir de contracciones, los ánimos de Enrique que no me dejaba parar y me animaba a seguir empujando hasta mi límite (siempre respetándolo) en cada contracción, fueron esenciales. De repente Carmen me dijo que mirase, que ya se te veía. Yo miré para abajo, al espejo que me pusieron, con la linterna alumbraron y pensé "madre de dios! ¿pero ESO es mio???" Y entre la apertura de mi vagina se diferenciaba lo que era tu cabecita que comenzaba a asomar... Vamos, Mireia, estamos cerca... pensé.

La luz de la linterna me hizo caer en mis velitas perfumadas... esas que estaban en la maleta, arriba en la habitación también... ¿será posible que no utilizamos ni una de las cosas que pensábamos utilizar?¡Todo iba muy rápido!.Yo creía que aquello ya sería un empujón más, y cuando después de un par o tres tu aun seguías en mi interior y yo cada vez sentía más presión, pensaba en lo que costaba sacar esa cabecita que tantas ganas tenía de ver, conseguí hablar, con las pocas ganas que tenía, para preguntarle a Enrique cuántos empujones más faltaban... y me dijo que dos mejor que uno. BUEEENOOO... un poco menos. Otra contracción... yo te notaba abajo, pero no acababas de salir, te notaba así desde hacía no se cuántas contracciones... no sabía nada, solo empujaba hasta que agotaba la contracción, sollocé que costaba mucho, que no podía... y Enrique me dijo que si me hacía una episiotomía saldrías ya y acabaríamos, pero que no me hacía falta y que si era lo que yo quería... yo imaginé ese pedazo de corte y le dije "¡cómo me vas a hacer una episiotomía a pelo!" El replicó que lo que no quería era hacerme nada... así que como no me enteraba bien, decidí olvidar esa palabreja y seguir a lo mío... Vino otra: empuja, empuja, sigue, sigue, empuja...mira, Mireia, mira aqui...y papi me dijo "cariiiño, mírale la caritaaa... qué guapa es, mírala..." pero también sentía sigue, Mireia, sigue... y de pronto: "VAMOS, MIREIA, COGELA, COGELA! YA LA TIENES AQUI!!!" Abrí los ojos, ¡me decían a mí! Me incorporé... y te agarré, calentita, mojada, resvaladiza... y te puse sobre mi pecho, te abracé... y me eché a llorar sin llorar, mientras te decía a ti que no llorarses y sentía a papá en mi espalda emocionado...

Eran las 18h del día 04 de Noviembre de 2006, habías nacido con 39 semanas de gestación, el día que cumplíamos los 9 meses. Tu tete te vio nacer, estaba pletórico de alegría, me limpiaba y te acariciaba a tí... De repente pensé: "has parido, Mireia". Pensé: "no hay cesárea", pensé en el foro de "el parto es nuestro", pensé en las palabras de ánimo que me habían dedicado, pensé "conseguido"... y comencé a dar las gracias a Enrique, a María, a Carmen... emocionada... mientras seguía llorando sin llorar, mientras lanzaba mis últimos gemidos sin saber exactamente por qué... Como te tenía abrazada con las dos manos, le pedí a Enrique, casi ordené, que acercara su mejilla... NECESITABA darle un beso con las pocas fuerzas que me quedaban...

Después de tumbarme en el sofá-cama contigo sobre mi pecho...

...de dejarme enamorar de tu preciosa carita redonda, de tus ojitos, de tu piel... de tu olor a VIDA...

 

  ...Enrique me examinó, a ti te cogió la enfermera para limpiarte un poquito y te pesaron, 3060 gramos. Puntuaste 10-10 en el test Apgar. Enrique me explicó que había un pequeño desgarro que cosió con 2 puntos externos y 1 interno. Te volvieron a poner sobre mi pecho, ¡cómo mamaste! ¡Con qué fuerza y qué bien! Compartimos nuestros primeros momentos familiares habiendo pasado de ser 3 a 4, sentía en mi interior un orgullo tremendo por papá, le estaba agradecida en el alma y realmente orgullosa, una vez más, de su aguante y comportamiento, habia sido tan importante para mi saber que estaba ahi en todo momento... sólo sentirlo a mi lado era suficiente. Nos llevaron a la habitación. Estaba muy cansada, feliz, emocionada... Hubo un momento en el que, mientras te sostenía en brazos y te miraba, tumbada en la cama, comencé a gimplar, como cuando has llorado mucho rato... y comenzaron a humedecerse mis ojos... no podía llorar porque tu tete estaba pletórico dando botes por alli y no quería que me viera y quitarle su puntual protagonismo... pero es que acababa de caer en la cuenta de que "ya estaba todo", ya lo habíamos conseguido, te miraba enamorada, te tenía entre mis brazos! eras mía, mi bebita, mi reina... pensaba en el gran papa que tienes, en lo bien que se había portado... pensaba en la oprtunidad que habíamos tenido, en lo duro que había sido y en lo felizmente cansada que estaba, pensaba en lo sanita que estabas y no podía dejar de enamorarme de ti...  

Papi se dio cuenta de mi apuro y pelea con las lágrimas que querían salir y yo no dejaba y me tapó para que en silencio pudiera dejarlas correr, me abrazó y me besó tiernamente, emocionado también. Envié unos cuantos sms dando la gran noticia con una fotito tuya. Después de permanecer piel con piel en la habitación durante una hora aproximadamente, te vestimos y me dispuse a dormir, aunque mi pequeña glotona no estaba por la misma labor que mami y solo abrías la boquita para comer, buscando desesperada...

Nos trajeron la cena, le dijeron a mami que tenía que hacer pis y probamos y probamos hasta que lo conseguimos... pero escoció un poquito. Dormitamos juntas a ratitos toda la noche, y al dia siguiente... ¡Oooh! todos mis gritos y apretujones a todo lo que me agarraba pasaron factura... dios, me dolía el cuerpo entero, qué agujetas!!! Pero me dieron unas bolitas homeopáticas y fueron geniales. Enrique nos vino a visitar un par de veces, charlamos de varias cosas, te cogió en brazos... Maria y Carmen tambien vinieron a vernos, y tanto ellas como el resto de enfermeras fueron geniales... todo el mundo es tan amable allí! Hicimos de vientre y comprobaron que los puntos estaban bien, el útero volvía a su sitio con los dichosos entuertos, la vagina de mamá se iba deshinchando, a cada hora podía caminar mejor y moverme más ágilmente... todo marchaba bien!

 

El lunes por la mañana decidimos venirnos para casa, aunque allí estábamos bien y nos cuidaban genial, el tete estaba muy muy nervioso, echábamos de menos nuestras camitas y teníamos ganas de estar enc asa... Así que nos esperamos a que te visitase el pediatra, te midió Agatha, 48cm y te pesaron de nuevo, 2930 Grs, habías perdido 130 gramos, con 3 cacotas incluidas y estabas genial... Volvieron a mirar a mamá, y comimos allí.

Después de que nos diesen el visto bueno, y de 4 horitas en coche llegamos a casa... cómo lo mirabas todo con esos ojitos tan lindos que tienes... aunque duró poco, en cuento te dí de mamar volviste a caer dulcemente en tu sueño de bebé...

Tu tete estaba loco de contento. Ordenamos un poquito y nos fuimos a dormir. Hoy martes, he notado cómo comienza a subirme la leche... ¡tengo suficiente para tí!!! Qué contenta estoy, aunque duela un poco cuando succionas, pero cada vez se soporta mejor. Eres preciosa, mi vida, todos estamos locos de contentos de que seas parte de nuestra pequeña gran familia... BIENVENIDA AL MUNDO, MI PEQUEÑA ABRIL. Nos has hecho tener la experiencia más emotiva, intensa, salvaje y maravillosa de nuestras vidas. Gracias.


Gracias a Azucena de www.elpartoesnuestro.es, que montó maravillosamente el vídeo de nuestro parto y a la propia Asociación, que lo colgó en su web, puedes ver en el enlace que sigue:

EL VIDEO DEL NACIMIENTO DE ABRIL (*)

(*)¡LEER ANTES DE VER EL VIDEO! Aunque mucha gente me ha dicho que es un vídeo precioso, advierto que es un parto salvaje, animal, sin epidural ni nadie que me mande callar, donde se palpa perfectamente mi dolor. Comienza con mi santo pandero con 20 Kgs de más en primer plano! jajaja... y rujo como jamás en mi vida lo había hecho. Tiene un final precioso, pero además del momento mas emocionante, emotivo  y maravilloso de mi vida, fue el mas duro y salvaje. Yo no tengo dudas, no lo cambiaría por nada en el mundo y si vuelvo a tener la oportunidad, repetiré la experiencia sin duda. Si te decides a verlo, que lo disfrutes!

25, may

EL NACIMIENTO DE ARIAN: 31 de enero 2002

porunpartorespetado En: RELATOS

Mamá estaba dilatada 2 cm desde los 6 meses, así que nos pasamos los otros 3 con amenaza de parto prematuro, haciendo reposo y rezando para que no salieras antes de estar formadito y con el peso adecuado. Nuestra FPP era el 21/01/02.
El día 30 de enero de 2002 saqué el tapón mucoso a las 18h. A las 19h rompí aguas parciales, con fisura, perdí como el equivalente a una taza de café. Llamé al hospital y me dijeron que me podía duchar pero que tenía que ir para allí, no me podía quedar en casa aunque les dije que podía y quería esperar. El día 02/02/02 nos iban a provocar el parto si tu no te hubieras decidido antes a nacer. A las 20h comenzaron las contracciones cada 5 minutos y nos fuimos al hospital. Iba goteando.

Ingresamos a las 21h +/-, con contracciones muy seguidas, que en poco tiempo pasaron a ser prácticamente una sola... aun no había desaparecido una, que volvía a "subir" de intensidad de nuevo con otra, con un dolor profundo pero tranquilo. Teníamos 3 cm de dilatación.

A papi le dijeron que apuntara las contracciones, la duración, el intervalo... pero llegó un momento en que desistió y dejó el papelito porque no paraba de apuntar. Aun así, tenemos ese papelito guardado! ;-)
No recuerdo bien las horas, pero sobre las 01h de la noche me bajaron a la sala de dilatación, nos tumbaron, nos rasuraron y nos pusieron un enema.

Mami se sentaba en el wc, porque cuando dolían las contracciones, si apretaba, (la misma sensación de querer hacer de vientre) me sentía aliviada. Sobre las 02h nos monitorizaron, nos pusieron un gotero, nos pusieron la epidural sin pedirla y oxitocina, cómo no. Se quedó a nuestro cargo un matrón frances... nunca lo olvidaré. Antes de ponerme la epidural sentí una fuerte presión en el ano... se lo dije a la matrona, pero no pareció ser importante, no hizo nada.

Con cada contracción y a causa de la oxitocina, te bajaba el ritmo cardíaco, se perdía el sonido de tu corazoncito... y me asustaba un montón y comenzaba a mover mi barriga para que reaccionases. Llamábamos al matrón, que leía un libro muuuy interesante porque le costaba una barbaridad venir a vernos... y el resto de los médicos/matronas/gines habían desaparecido por completo! Así que después de llamarlo unas cuantas de veces, venía, me quitaba la oxitocina un rato(que yo no sabía qué era ni que la tenía puesta) y entonces recuperabas... hasta que te la ponían de nuevo. Aquel matrón me decía que aprovechase y durmiese un rato... me parecía increíble que me dijera eso cuando ni el te encontraba a veces el latido de tu corazón. Así pasamos toda la noche, sufriendo por ese corazoncito que padecía con cada contracción antinatural de mamá.

Cuando faltaba media hora más o menos para que se hiciese el cambio de turno, comenzaron a aparecer todos esos médicos que yo no había visto en toda la noche, con los ojos hinchados y el pelo chafado... ¿se habían ido a dormir???.

Vino un señor, me dijo que estaba demasiado dormida para pujar y me quitó la epidural.

Por fin llegó el cambio de turno... Me hicieron un tacto y la cara del ginecólogo no me gustó demasiado... llamó a otro señor y, uno presionando mi barriga y otro con el brazo dentro, intentaron girarte de postura... pero era demasiado tarde. Tantas horas de contracciones que no te dejaban ni respirar te anclaron contra mi hueso y te quedaste allí encajadito... con lo bien que ibas, mi amor! Mami estaba completamente dilatada, con el cuello del útero borrado, pero nadie supo decir desde cuando... básicamente porque no nos miraron en toda la noche. Ahora tenían además el problema de que me habían quitado la epidural y posiblemente sería una cesárea... así que me la tuvieron que volver a poner, con tan mala suerte que no me dormían. Como llevaba muchas horas con la bolsa rota, mami se puso a 39,5 ºC de fiebre. Así que tuvieron que abrirme otra vía, para poder poner antibióticos. Cada vez me ponían más anestesia, aquel maravilloso y atento anestesista argentino que nos atendió por la mañana (como el resto del equipo de la mañana) no descansó de regañar a los que tan... desgraciadamente se habían quedado "a nuestro cargo" durante la noche. Pero era un hecho, la anestesia no dormía mi vientre y encima comenzó a subirme la tensión arterial, con lo que tuvieron que ponerme algo más, no sé qué, para controlarla. Tu seguías sufriendo con las contracciones, así que nos confirmaron que iba a ser una cesárea e hicieron que papi saliera a la sala de espera. Yo estaba muy asustada y el se fue llorando, lo supe después.

Vino el ginecólogo y me dijo que no habían quirófanos disponibles, y que no había tiempo para esperar a que uno quedase libre, así que tuve que autorizar que habilitasen una sala de partos, un lugar que no es estéril, para realizar una intervención quirúrgica como es la cesárea. Recuerdo que sólo veía como avanzaban los fluorescentes del techo, como en las películas, mientras a mi me llevaban tumbada en una camilla... de repente ya NO te iba a parir... y sólo quería verte para comprobar que mi niño estaba bien, estaba muy nerviosa.

En "quirófano" me temblaban los brazos por la anestesia y me los tuvieron que sujetar. Yo pensé que ya que no te vería nacer, al menos tenía que recordar la hora en la que llorases por primera vez... pero estaba tan drogada que no era capaz de retener la hora de aquel enorme reloj en mi memoria, así que me centré en repetirla una y otra vez...
Recuerdo que los médicos y el anestesista argentino me hablaban, me daban conversación, me cogieron la mano... y sentía como mi vientre se movía, se agitaba, era presionado, era cortado... aunque en ningún momento sentí dolor. De repente, aun dentro, sentí "nguuaaaah!!!" ¿Eras tu? ¿Mi bebé había llorando aun en mi vientre? La hora. Eran las 11:52am del día 31 de enero de 2002.

Te hicieron "algo", entonces no sabía qué... yo no te veía, tenía una gran cortina verde justo debajo de mi pecho. Vino la enfermera, te mostró, te puso sobre mi pecho, te di un besito y se te llevó. No podía ni sostenerte. Estabas muy rojito y tus testículos eran enormes bolsas planas. Tu puntuación en el test Apgar fue 9-10-10. Le pedí que te enseñaran a papá, que estaba muy nervioso fuera, igual que la yaya y los yayos.

Me cosieron y me llevaron a la sala de recuperación hasta que pudiera mover los dedos de los pies. Estuve sola durante 3 horas. ¡Quería veros, abrazarte, cogerte y besar a papá!!!

Te hicieron un análisis para ver si yo te había pasado mi infección, salió negativo. Pasaste la primera noche conmigo en la cama, no te dejé en la cunita ni un momento.


Por la mañana te vinieron a buscar, te repitieron el análisis y nos dijeron que había dado positivo y tenían que ingresarte en el nido. Yo te imaginé con ventosas, tubos, agujas... y me pasé un par de horas llorando sin parar... mi pequeño bebé... se lo habían llevado! Cómo dolía la cesárea cuando lloraba, buf! Recuerdo que no quería ir a verte, no podía, por el miedo que tenía a cómo te iba a encontrar...


"Sólo" te pusieron un catéter con antibiótico en tu diminuta manita, para prevenir una posible infección porque no podían esperar a estar seguros de si la tenías o correrías peligro. Me dejaban ir a verte cada 3 horas para darte el pecho, no me dieron ni una silla de ruedas para ir.
De 21 a 9h no podía ir a verte y te daban biberón. Yo te ponía al pecho, pero no lo querías, y me intentaba sacar leche, pero me salía muy poquita y decían las enfermeras que con eso no hacíamos nada. Yo les pedí que la fuesen juntando hasta llegar a una toma. Estuviste ingresado 3 días. Te sacaban sangre del taloncito del pie, y aun ahora, con 4 años, lo tienes todo cicatrizado con puntitos de habértelo "agujereado" en varias ocasiones.

El enfermero era simpático, me venía a pinchar los Voltarén en el culete y me cantaba música de los toros para clavarme las "banderillas"... pero al final le dije que no quería mas, porque tenia el pompis morado y no me quitaban el dolor...

Seguí los consejos que me dio la matrona, y caminé recta desde el principio. No se cuando, pero "muy pronto" para mi gusto, me tuve que levantar a caminar. La cicatriz dolía al moverte, al toser, al estornudar, al reir, al llorar... No se cómo, pero llegué a tragarme el hipo!

Papi me lavaba y me duchaba en el hospital. Se portó increíble. Le puso nombre al sacaleches, y cuando iba a pedirlo a las enfermeras, les pedía "el sacajugos de la vida". Es genial.

En casa me curaba cada día y un día me desmayé en la ducha al limpiarme la "cremallera" de grapas, pero le dió tiempo de sacarme... ¡se asustó un montón! Nos cuidó muy bien a los dos, y la yaya Gloria también venía mucho para ayudarnos.

A los 15 días estaba bastante recuperada y pudimos salir a dar nuestro primer paseo.

Nuestra lactancia fue un desastre, yo apenas tenia leche, y tu querias los bibis del nido en vez de mi pecho... sólo duró un mes y medio. Pero se que te pasé lo mejor.

Perdona, mi amor, por el no parto que te di. Perdona por no haber sabido todo lo que harían contigo y haberlo evitado. Pero aunque nuestro parto fue robado y nuestra cesárea no respetada, aunque nos aplicaron todos los protocolos y rutinas habidos y por haber, volvería a pasar por todo mil veces por tenerte junto a mí. Me consuela pensar que eres un niño sano y feliz... y tu no lo recuerdas, verdad, tesoro? Cuánto te quiero, mi trocito de cielo.

Enrique Lebrero (Ginecólogo, padre y coautor de ¿NACER POR CESÁREA? Ed. Granica) me dijo algo cuando fuimos a Acuario hace unas semanas que, si lo pienso sinceramente, me molestó algo... pero cuánta razón tiene:

"LA IGNORANCIA ES UN ESTADO DE FELICIDAD"

Y qué cierto es... qué feliz eres si no sabes nada.

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Bienvenidos a mi blog. Aquí sabrás más acerca de él. ¡Gracias por visitarlo!
barra 3bienvenidos Mi nombre es Mireia, vivo en una ciudad catalana y soy mamá de dos bomboncitos: Mi rey, nacido en el 2002 por cesárea y mi princesa, nacida en 2006 en un PVDC. En este blog, pretendo recopilar información y datos útiles que puedan ayudar a las mamás que lo deseen a informarse sobre varios aspectos del embarazo, el parto y la lactancia, entre otros, para conseguir un parto respetado. Este blog NO es una consulta médica, no está creado ni atendido por ningún médico y por tanto NO SE ATIENDEN CONSULTAS MÉDICAS ni serán publicadas, tan solo puedo dar mi opinión en los temas que pueda conocer y pueda aportar referencias. Tampoco serán publicados comentarios ofensivos. POR FAVOR, VISITA LA CATEGORIA “BIENVENIDA” PARA SABER MÁS ACERCA DE ESTE BLOG. Espero que te guste y vuelvas pronto. mi otro blog
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LA CRIANZA FELIZ, Ed. La Esfera. Rosa Jové (Cómo cuidar y entender a tu hijo de 0 a 6 años). Mi opinión: Un libro excepcional que aborda multitud de áreas imprescindibles para los nuevos (y no nuevos) padres. Explicado con sencillez, con ejemplos y conocimiento. Fantástico y esencial.
DISCIPLINA POSITIVA, Ediciones Medici, Jane Nelsen. Mi opinión: Imprescindible para cualquier padre. Pocas formas de educar hay como esta... o ninguna. Una joya aplicable a partir de los 3 años pero para fomentar desde el nacimiento.
barra 3videos NADA COMO MAMA, NADA COMO MAMAR . .Vídeo realizado de forma altruista, iniciativa de la Asociación Criar Con el Corazón y con la colaboración de El Parto Es Nuestro, Via Láctea, Amamantar Asturias y Mamilactancia. Guionista: Cristina Galdo, Realización: Enrique Andrés. Productora: Outlet Ovideo. BB ¡QUE NO OS SEPAREN! . .Todos los recién nacidos deben poder disfrutar de las ventajas de la no separación. Si están sanos no hay razón para separarlos, si están enfermos necesitan a sus madres más que nunca. BB ¡PODEMOS PARIR! .. Creado por Sol para apoyar a las mujeres cesareadas y en busca de un PVDC. BB CÁLLATE Y PUJA .. Un duro vídeo que denuncia el maltrato al que someten a muchas mujeres y bebés en el parto. Aunque parezca mentira, estas prácticas se siguen realizando, en España también. BB 58 RAZONES PARA UN NACIMIENTO SIN VIOLENCIA
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Creado por Azucena para www.elpartoesnuestro.es BB DE UNA MADRE A SU HIJA BB barra 3citas "Las intervenciones innecesarias en el parto, provocan intervenciones necesarias. Si se eliminan las innecesarias, las necesarias desaparecen." (No nos salvan quienes nos pusieron en peligro). BB - "No porque apartes la mirada el problema va a desaparecer" BB - "No hemos heredado la tierra de nuestros padres, la hemos tomado prestada de nuestros hijos." Proverbio Massai. ¡Cuidémosla! barra 3rincon Exige una Ley contra la madera ilegal. Firma Ya
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